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Mensaje del Arzobispo Metropolitano
de San Juan de Puerto
Rico
a la comunidad católica
puertorriqueña
en Nueva Orleáns,
Luisiana |
Con motivo de la Misa en honor a la Virgen
Madre de la Divina Providencia, patrona nacional
de Puerto Rico
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de Puerto Rico
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Biografía del arzobispo de San Juan: Roberto
González
Rafael Cordero: Maestro de próceres, Siervo
de Dios
El obispo Arizmendi : la caridad nunca muere
Oración por la patria puertorriqueña
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Mons. Roberto González
Nieves, O.F.M.
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Arzobispo Metropolitano de
San Juan de Puerto Rico
19 de noviembre de 2003
la comunidad católica puertorriqueña de
Nueva Orleáns, Luisiana:
Saludos de paz y bien en
el Señor Resucitado.
Me alegra y me conmueve profundamente saber
que, desde 1986 ustedes, un grupo de fieles
católicos y católicas puertorriqueños han
venido celebrando la Fiesta de Nuestra Señora
de la Divina Providencia, Patrona Principal
de Toda la Nación Puertorriqueña, como la
declaró el Papa Pablo VI en noviembre de
1969, siendo Puerto Rico el único país del
mundo que la tiene como Patrona.
La fe cristiana llegó a
nuestras tierras
hace 510 años cuando Cristóbal
Colón y sus
acompañantes pisaron nuestro
suelo y bautizaron
nuestra patria con el nombre
de San Juan
Bautista. También, en ese
mismo momento,
nos llegó la devoción a
María, persona inseparable
de nuestra fe cristiana.
Desde ese entonces, la fe cristiana y nuestra
devoción a María han formado parte de nuestra
identidad cristiana y nacional. Nuestro pueblo
ha peregrinado el camino de la fe por varios
siglos reconociendo en María, a la bienaventurada
del Señor, a aquella que no hace otra cosa
que proclamar las grandezas del Señor. Por
eso es que en Puerto Rico, el amor a María
ha calado tan hondo en nuestra alma de Pueblo.
A partir del 1853, Puerto Rico se ha encomendado
a la protección maternal de Nuestra Señora
de la Divina Providencia cuando el culto
a la misma fue establecido por el Obispo
Gil Esteve.
La palabra "pro-videncia"
quiere
decir ver hacia delante,
ver el futuro que
se acerca, prepararse para
el futuro. La
"Divina Providencia"
es la visión
que Dios tiene del futuro.
Muchas veces queremos
ver nuestro futuro. Cada
uno de nosotros
se pregunta: ¿cómo será
mi futuro?, ¿qué
me espera mañana?, ¿cuáles
peligros me amenazarán?,
¿cuáles oportunidades me
podrán aprovechar
para ser feliz, para vivir
mejor, para conseguir
lo que mi corazón desea?.
Tal vez esta misma incertidumbre fue la que
experimentaron los novios en las boda de
Caná. Éstos se encontraban avergonzados ante
la escasez del vino, desalentados ante tal
lamentable situación. La Virgen María, quien
se encontraba al lado de su Hijo, tuvo la
capacidad de ver hacia delante, de tomar
las providencias necesarias y acudir al auxilio
de aquellos novios ante la incertidumbre.
Entonces María se revela como mediadora entre
Jesús, su Hijo y los novios. En esta acción
de María la Iglesia ha comprendido que este
gesto de María la convierte en una mediadora
entre Jesús y la humanidad, que sufre de
necesidades, de escasez y de todo tipo de
indigencia. María al colocarse de mediadora
no lo hace desde una perspectiva de persona
extraña, no lo hace como una persona de completa
imparcialidad, sino que María se coloca de
mediadora desde su misión y vocación real,
es mediadora entre Dios y nosotros como Madre
del Señor.
La mediación de María va
dirigida en dos
direcciones. Por un lado,
se dirige a socorrer
a la humanidad en su desventura,
en su desacierto,
en sus fracasos, miserias
y debilidades,
en sus infortunios. Por
otro lado, y más
importante aún, la intercesión
va dirigida
a que de una vez y por
todas, Jesús se manifieste
con su poder y su gloria
ante la humanidad
carente de fe y desvalida
por el pecado.
María en este mismo acontecimiento en Caná
dirige las siguientes palabras a los criados:
"hagan lo que Él les diga". Al
pronunciar estas palabras María se nos presenta
como portavoz de su Hijo. No es Jesús quien
dice: "lo que yo les digo". Es
María la que habla por Jesús y nos ordena
a todos a hacer lo que Jesús nos diga. María,
como portavoz de Jesús, nos sigue hablando
para decirnos que actuemos conforme a la
voluntad de Jesús, conforme a sus exigencias
de manera que seamos testigos auténticos
de su Evangelio.
ILUSTRACIÓN: Imagen de la Virgen Madre de la Divina
Providencia, Patrona nacional de Puerto Rico.
Queridos hermanos y hermanas
puertorriqueños
residentes en la Arquidiócesis
de Nueva Orleáns
y de otras diócesis, María
nos sigue hablando,
nos sigue pidiendo que
hagamos la voluntad
de Jesús. Fue voluntad
de Jesús en la cruz
entregarnos a María como
nuestra madre, al
decirle a Juan: "he
ahí a tu Madre".
Hoy ustedes, al igual que
millones a través
del mundo entero, forman
parte del grupo
privilegiado al cual se
refería María cuando
dijo: "las generaciones
me llamarán
bienaventurada". Como
buenos hijos e
hijas de Dios, pidamos
siempre la acción
mediadora de María como
lo hizo en Caná,
pidamos la protección de
María como lo hizo
cuando defendió a su Hijo
de la espada asesina
de Herodes; pidamos su
compañía como lo hizo
en los momentos más dolorosos
en la vida
de Jesús al pie de la cruz,
para el fortalecimiento
de nuestra vida familiar,
para la santificación
y la salvación de todos.
Que el Señor les bendiga y les guarde. Quedo,
con mis oraciones y cariño,
En Jesús y María,
Arzobispo Metropolitano
de San Juan de Puerto
Rico
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