BENDICIÓN DE LA CRUZ
Y PLAZA DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN:
MARÍA, MADRE DE LA DIVINA
PROVIDENCIA
Mensaje dado en el Santuario La Providencia,
18 de noviembre de 2000
por Roberto O. González Nieves, OFM
Arzobispo metropolitano
de San Juan
Promocionar la defensa de la mujer
Mensaje del Arzobispo a los boricuas en Luisiana
Historia de la devoción a Nuestra Sra. de
la Divina Providencia
Oración por la Patria puertorriqueña
Biografía del arzobispo de San Juan: Roberto
González
Archivo de la arquidiócesis de San Juan de
Puerto Rico
Origen histórico del Kyrie eléison
Canonización del Padre Pío
Encíclica : El santo rosario
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Grabado antiguo
de Nuestra Señora
de la Divina Providencia
Patrona de toda la
Nación
puertorriqueña
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María, Madre de la Divina Providencia
ace apenas más de una semana, el pueblo de
Puerto Rico pudo, una vez más, escoger libremente
a los y a las líderes que lo guiarán hacia
su futuro durante los próximos cuatro años.
Hoy aquí, en el lugar donde
se construirá
el Santuario que será el
corazón de la identidad
Cristiana de nuestro pueblo,
ofrecemos gracias
a Dios por la democracia
puertorriqueña que
ha dado una muestra más
de su madurez y fortaleza.
No sabemos qué futuro le
espera a Puerto
Rico. Pero nos enfrentamos
a él con la confianza
que la Divina Providencia
siempre nos ofrecerá
la gracia de poder actuar
de acuerdo al destino
que Dios ha preparado para
nuestro pueblo
y para cada puertorriqueño
y puertorriqueña.
Resta a cada uno de nosotros
dejarnos libremente
conducir por la Providencia
de Dios.
La Divina Providencia es lo que Dios ve cuando
mira a su creación. Según uno de los Prefacios
de la Liturgia Romana, Dios nos creó y nos
redimió para poder ver y amar en nosotros
lo que ve y ama en Jesucristo, el Hijo Eterno
del Padre Invisible hecho hombre por el poder
del Espíritu Santo. Por lo tanto, la Providencia
de Dios tiene un nombre y un rostro humano.
Se llama Jesucristo. María es la Madre de
Jesús, y por eso la veneramos como Madre
de la Divina Providencia. A ella Su Santidad
el Papa Pablo VI la proclamó Patrona principal de toda la Nación Puertorriqueña, designando como día de su fiesta el día
en que por primera vez la Cruz de Cristo
fue levantada sobre nuestra Isla.
[19 de noviembre de 1493,
Descubrimiento de Puerto Rico].
Por eso hoy ponemos ante
sus pies los deseos
de nuestro pueblo expresados
en las pasadas
elecciones, rogándole que
obtenga para nuestros
y nuestras líderes la sabiduría
para conducir
a nuestro pueblo hacia
un futuro de acuerdo
a los designios de Dios
al crearnos.
Aquí el Verbo se hizo carne
En Nazareth hay una casita que la tradición
cristiana reconoce como el lugar donde vivía
María cuando el Arcángel Gabriel le anunció
que sería la Madre del Hijo de Dios. A la
entrada de este lugar donde recordamos a
María ante el mensajero celestial, hay un
letrero que dice Hic Verbum Caro Factum Est,
"Aquí el Verbo se hizo carne".
Aquí ocurrió la Encarnación. Son las palabras
más tremendas de la historia humana. El futuro
humano depende totalmente de lo que ocurrió
en ese lugar, en esa casa, en la casa de
Nazareth. Sin lo que ocurrió en esa casa,
la historia humana no tiene ningún sentido.
Los ideales que nos animan,
la lucha por
la justicia, la libertad,
la paz, el amor,
y la felicidad no tendrían
ninguna base en
la realidad. Sería todo
una ilusión. Los
deseos del corazón humano
no serían otra
cosa que instintos grabados
en nuestra estructura
genética por una ciega
evolución sir ningún
propósito. Sin lo que sucedió
en esa casa
de Nazareth, ni los individuos,
ni los pueblos
de la tierra tendrían una
identidad basada
en un origen y destino
más allá de los poderes
de este mundo. Sin lo que
pasó en esa casa
de Nazareth, los lazos
que unen a los seres
humanos responderían sólo
al interés propio,
al impulso por sobrevivir
a todo costo, y
por to tanto, triunfarían
siempre los más
poderosos.
Sin embargo, un día, en ese lugar, en el seno
de una joven mujer Judía, sucedió el acontecimiento
para el cual fue creado el universo entero,
los cielos y la tierra, los hombres, las
mujeres, los pueblos y las naciones de la
tierra: el Verbo se hizo carne, se hizo carne
humana en ella, en ese lugar, en esa casa,
el Creador del universo, el misterio Infinito
que creó y rige los pueblos del mundo, se
hizo carne humana la Providencia de Dios.
Éste es el evangelio que proclama la Iglesia.
Éste es el mensaje que estamos llamados a
proclamar en la Nueva Evangelización a la
cual nos consagramos al dedicar esta plaza
y bendecir la Cruz. Lo hacemos aquí en este
lugar que será la casa de todo puertorriqueño
y toda puertorriqueña porque es la casa de
nuestra Madre, la casa de aquella en que
ocurrió por primera vez lo proclamado por
el evangelio, la Encarnación del Hijo de
Dios. En este lugar, todos podemos decir:
"Aquí se hace carne el Verbo de Dios".
Lo podemos decir porque aquí esta María,
nuestra Madre, la Madre de Jesús, la Madre
de Dios, la Madre de la Divina Providencia,
la Patrona de toda la Nación Puertorriqueña.
Convierte tu cuerpo, casa y patria en Casa
de Nazareth
Todo ser humano ha sido creado para que su
carne, su cuerpo, su hogar y su tierra se
conviertan en casa de Nazareth, donde se
pueda decir: "Aquí se hace carne humana
el Verbo de Dios. Aquí se hace realidad humana
el Hijo Eterno de Dios. Aquí Jesucristo es
el Señor de todo lo que sucede".
Como dice San Pablo, Cristo
está destinado
a "ser todo en todo".
Cristo ha
de estar presente en todas
las circunstancias
de la vida humana, desde
el nacer hasta el
morir, en todas las historias
personales
y nacionales. El propósito
de la creación
y la historia es éste:
que Cristo sea todo
en todo, que todos puedan
decir con María
Santísima: "Aquí se
hace carne el Hijo
de Dios".
Pidamos a nuestra Patrona, la Madre de la
Divina Providencia, la Madre de nuestra historia
y nuestro futuro, la Madre de la puertorriqueñidad,
que sepamos responder la llamada a la Nueva
Evangelización, a proclamar con alegría,
entusiasmo y credibilidad el evangelio de
la encarnación del Hijo de Dios. Que se realicen
en Puerto Rico las palabras de la casa de
Nazareth: "Aquí se hizo carne Hijo de
Dios". Que nuestra patria, nuestras
ciudades, campos, nuestras playas y montes,
nuestras familias y templos, que todo lugar
en esta bendita tierra se convierta en casa
de Nazareth.
Sin Cristo, se pierde la identidad puertorriqueña
Puerto Rico hoy necesita desesperadamente
escuchar más fuertemente que nunca la proclamación
del evangelio. Lo necesita para poder comprender
bien el significado de su pasado, los desafíos
del presente, y las posibilidades para su
futuro. Puerto Rico es de historia y tradición
cristiana, pero ¿y el futuro? ¿Se puede decir
que hoy, el presente, la Encarnación de Cristo
es un factor decisivo en la vida Puertorriqueña?
¿Podemos decir que la presencia de Jesucristo
en los corazones y las mentes puertorriqueñas
tiene una gran influencia en cómo nuestro
pueblo diseña su vida social, cultural, política,
y económica? ¿Está Cristo presente en el
corazón de nuestras familias? ¿Ilumina la
presencia de Cristo a nuestros jóvenes según
estos organizan sus vidas y se preparan para
el futuro que será el futuro de Puerto Rico?
Hablamos mucho de identidad y puertorriqueñidad,
pero ¿pertenece Jesucristo a esa visión de
quiénes somos y quiénes queremos ser? No
nos engañemos por muestras de piedad superficiales
por tradiciones folklóricas separadas de
sus orígenes en la fe cristiana. Sin la presencia
de Cristo como factor clave en nuestras vidas,
esto no significa nada. Por eso necesitamos
una Nueva Evangelización, porque según se
pierde en nuestra vida individual y social
la presencia de Cristo, se pierde nuestra
identidad puertorriqueña.
María, imagen perfecta de la Nueva Evangelización
María, en cuya casa, en cuyo cuerpo, en cuyo
seno virginal se hizo carne el Hijo de Dios,
es la imagen perfecta de la Nueva Evangelización,
y el Santuario que se construirá en este
lugar será su símbolo. Por eso hemos venido
aquí en este día. Las recientes elecciones
y todas las elecciones por venir son importantes
para nuestro futuro, para nuestra construcción
de una sociedad justa, libre, pacífica, y
compasiva, pero sin la Nueva Evangelización
no podremos lograr jamás lo que buscamos.
Por eso rogamos a nuestra Santa Madre, a
nuestra Patrona, Madre de la Divina Providencia,
que nos acompañe y nos guíe en la proclamación
del evangelio de su Hijo al Puerto Rico de
hoy y de mañana. Hagamos nuestra, hoy y mañana,
la oración tradicional que ha surgido de
tantos corazones y labios puertorriqueños:
endita sea tu pureza y eternamente lo sea;
pues todo un Dios
se recrea; en tan
preciosa
belleza.
A ti, celestial princesa;
Virgen Sagrada
María;
yo te ofrezco en
este día; mi alma,
vida,
y corazón;
míranos con compasión,
no nos dejes, Madre
mía;
échanos tu bendición;
todas las horas del
día;
y también las de
la noche; Virgen
Sagrada
María.
Y si en algo te hemos
ofendido;
perdónanos, Madre
mía.
Amén. |
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