
Crisis internacional, crisis insular
Las consecuencias económicas de la plata
Por Dr. Carlos R. Casanova
(c) CopyRight - Prohibido copiar, reproducir
l censo de 1899 en Puerto Rico demuestra
que los caminos, las carreteras y por sobre
todo las vías ferroviarias eran inadecuados.
La mayoría de los tramos del tren estaban
incompletos en la costa a pesar de que muchos
de estos tramos entraban a las haciendas
azucareras. Tramos que hay que decir, fueron
construidos por los propios hacendados.
Foto: Antigua estación del ferrocarril en
el viejo San Juan.
Otro aspecto importante de esta infraestructura
lo constituyó el sistema monetario existente
durante todo el siglo XIX. Que además hay
que decir es poco estudiado. En primer lugar
la circulación monetaria de la centuria se
caracterizó por estar devaluada, primero
por emisiones forzosas de billetes en modo
abusivo ante la falta de moneda metálica;
después, por la necesidad de sacar de la
circulación el billete devaluado, y la conveniencia
de permitir la entrada del peso macuquino que traían los inmigrantes venezolanos.
Moneda que también hay que decirlo estaba
devaluada. Luego de un descuento del 12%
de su valor, se canjeó por moneda española
en 1856, mas tampoco duró mucho en circulación
pues más de un tipo de moneda circulaba en
la Isla. Todo ello presumiblemente debido
a la continuidad del contrabando. Con todo,
la moneda circulante devaluado, cumplía el
propósito de mantener costos bajos para la
venta de un producto que no estaba refinado
y que competía con precios bajos.
El uso de fichas para el pago de jornales
obedeció más, al problema de la escases monetaria
que a otra motivación. Finalmente, entre
1874 y 1895 la circulación del peso mexicano, moneda que devaluó constantemente, permitió
que la producción agrícola pudiera mantenerse
en el mercado. Beneficiaba intereses de comerciantes
pero dificultaba el establecimiento de un
sistema económico que pudiera dar impulso
a una industrialización de la economía de
exportación agrícola ya fuera cafetalera
o azucarera.
El establecimiento de un banco de emisión
para 1888 y sus operaciones, forzadas al
uso de dos sistemas monetarios vigentes (peso
mexicano y moneda española) refleja una parte
de las operaciones que se llevaban a cabo
en la Isla. En 1895, un nuevo canje con descuento
de un 60% se llevó a cabo por una moneda
conocida como el peso provincial cuyo valor sólo era admisible en 100% en
la Isla y sujeta a los mismos descuentos
de todas las monedas acuñadas en plata. Y
la plata, hay que decirlo estuvo en continua
devaluación durante todo el siglo XIX.
De la década de 1860 a
1870 la producción
azucarera había logrado
cuotas muy elevadas.
La ausencia de Bancos
Este es un tema que aun requiere estudios
pues los historiadores piensan que la falta
de una institución financiera explica en
parte el pobre desarrollo de la industria
agrícola. Si se parte del supuesto de que
la banca tiene que financiar la industrialización
entonces esta es una respuesta viable para
explicar por qué no despegó la industria
azucarera. Pero si la banca no logró establecerse durante
el siglo XIX es posible que se debiera a
que aún no habían las condiciones que justificaran
su presencia y actuación a pesar de haber
una economía de exportación. Las casas comerciales
en la Isla actuaban como prestamistas y el
cobro de intereses fue más en función de
la inestabilidad económica prevaleciente
que el del criterio de usura.
A pesar de todo, la banca se inicia en la
década de 1870 con la presencia de la Sociedad
Anónima de Crédito Mercantil, Sociedad que
luego se convierte en el Banco Español de
Puerto Rico en 1888 [ver foto a la derecha];
surgió luego el Banco Territorial Agrícola
en 1894, el Banco Popular en 1894 y el Banco
de Crédito y Ahorro Ponceño en 1895.
La Crisis
En Puerto Rico circuló oficialmente el peso
mexicano entre 1879 y 1895.[1] El orden económico mundial del final de
siglo XIX, que estaba dirigido por Inglaterra
y los Estados Unidos, comenzaba a actuar
con mayor presencia debido a su determinación,
y su creciente desarrollo industrial. Los
comerciantes y hacendados de Puerto Rico
que estaban en contacto con esta realidad,
operaban en un mercado internacional que
efectuaba sus transacciones teniendo muy
presente: los tipos de interés en el crédito
y los tipos de cambio sobre el dinero, las
exportaciones e importaciones, el mercado
del oro y la plata y su producción. En el
último cuarto del siglo XIX era evidente
que los países hacía mucho, habían organizado
sus economías en torno al patrón oro, el
bimetalismo, y el patrón plata [2].
En esta diversidad de sistemas monetarios
se encontraba Puerto Rico como productor
y exportador de azúcar y café, y usuario
de uno de los sistemas monetarios, el bimetalismo,
sistema que admite valor liberatorio a las
monedas de oro y plata. La adopción del peso
mexicano en 1879 no significaba la adopción
del patrón plata, sino una decisión dirigida
a mantener la oferta monetaria interna.
Foto: Billete de 5 pesos del Banco Español
de Puerto Rico.
Los mercados de Londres y Nueva York eran
referencia obligada -por lo que se desprende
de las publicaciones de la época- para seguir
minuciosamente el valor de la plata y los
precios en el mercado. Los comerciantes en
Puerto Rico que actuaban como expendedores
de letras de cambio y en cierto modo como
banqueros aplicaban las reglas del mercado
para procurar sostener un cambio entre los
metales de oro y plata que constituían el
sistema monetario internacional. En la Isla
no se podía hacer otra cosa, ya que los mecanismos
habituales de compensación para el sistema
monetario los tenía que realizar un Banco
Central o una Casa de moneda.[3]
Continúa en la p. 2 
|