
LA CUARESMA
Origen, desarrollo y significado
por fray Mario A. Rodríguez
León, O.P.
Diseño, editor: Luis R. Negrón Hernández
(c) CopyRight - Prohibido copiar, reproducir
rigen histórico de la Cuaresma
No sabemos con precisión
cuando empezó
la Cuaresma. En el siglo
IV ya hay textos
suficientes que nos hablan
de la cuaresma.
Ciertamente, el origen
está en la
práctica literal
de los cuarenta días
de ayuno y abstinencia
de Moisés,
de Elías y sobre
todo de Jesucristo,
que probablemente, ni son
cuarenta ni son
días, sino números
simbólicos.
Para los semitas los números
tenían
un gran valor simbólico;
los números
significaban plenitud.
Los padres griegos al traducir los números
simbólicos de la Sagrada Escritura,
los tomaron como si fueran números
en serio. Lo que fue una escenificación
simbólica de plenitud, lo convierten
en una especie de liturgia de días
numerales.
El sentido de la cuaresma como vida, pasión
muerte y resurrección de Cristo, está
muy influido por las diferentes culturas
que se van introduciendo en el cristianismo.
Por ejemplo, aquí entra la tradición
judía del ayuno. La tradición
judía del ayuno está íntimamente
unida a su tradición teológica
de sacrificio: todo pecado requiere sacrificio.
El hombre tiende a constituirse un poco en
víctima ante Dios y ése es
el origen del ayuno.
La influencia gnóstica
| También durante los primeros siglos
del cristianismo influyen en la práctica
del ayuno los grupos gnósticos (movimientos filosóficos que pretendían
poseer un conocimiento completo de la naturaleza
de Dios), con su concepción del cuerpo y alma,
y sobre todo la platónica: el cuerpo
es una cárcel del alma. Lamentablemente
el cuerpo es algo que comienza a ser despreciado
y visto como un enemigo. Es la antropología
dualista griega, de la cual todavía
no nos hemos desligado del todo. Evidentemente
esta concepción dualista llevó
a un incremento de la penitencia, es decir
de hacer que el cuerpo sufra y se convierta
en víctima para que el alma se purifique. |
|
Juan Pablo II - DVD
subtítulos: Español
Aprobación vaticana |
Por ejemplo a tal extremo llegó esta
mentalidad que Orígenes, un padre
de la Iglesia se castró. Para los
primeros cristianos, lo más importante
era la vigilia pascual y luego la cincuentena
pascual, el pentecostés. Luego, poco
a poco como una preparación de estas
fiestas se fueron añadiendo algunos
días. Primero los de la Semana Santa,
y luego algunas semanas, sobre todo las tres
primeras, y luego, las cinco semanas actuales.
La idea fue adelantar la preparación
a la Pascua y esto, como bien señala
Luis Maldonado, es plenamente actual. La
cuaresma no tiene un fin en sí mismo,
sino que es una dinámica de preparación,
de avance hacia la Pascua. Poco a poco la
Iglesia le fue dando un significado de tipo
bautismal catecumenal. Es decir, se celebraba
el bautismo de los catecúmenos. Actualmente
este profundo significado se está
tratando de recuperar hoy día. Según
señala Luis Maldonado:
El error quizá de los últimos
siglos es que se ha
autonomizado demasiado
la cuaresma, se la
ha
convertido en un
valor en sí
misma,
bastante
desconectada de la
Pascua, bien en torno
al pecado,
bien en torno a esa
especie de mortificación
de lo
corporal. |
El Concilio Vaticano II
A partir del Concilio Vaticano II, se ha
tratado de subsanar esta falta, es decir,
darle a la cuaresma un carácter muy
relativo, de preparación. Porque si
no hay una preparación, la vigilia
pascual se nos escapa, pierde su sentido
y recordemos que la Pascua es el eje central
de todo el año litúrgico y
de toda la vida cristiana.
La cuaresma nos ubica en perspectiva en la
construcción del Reino. La cuaresma
es época de conversión, de
cambio profundo en donde siempre está
presente el horizonte de la muerte y la resurrección.
La experiencia cuaresmal nos permite hacer
un balance de nuestras vidas. Sin embargo,
no creo que siempre nuestras prácticas
y devociones apunten hacia una metanoia, hacia un cambio radical de actitud en nuestra
vida. Con frecuencia oímos a mucha
gente decir que la cuaresma hoy día
no les llena, que le falta algo. Y me pregunto:
¿cómo hoy día nos preparamos
para celebrar la Pascua? ¿A qué
responde ese vacío que sentimos?
[Foto: sesión del Concilio Vaticano
II, en la basílica de San Pedro]
Sin la cruz, la resurrección es idealista
Creo que en parte el problema reside a que
la cuaresma ha sido más bien un experiencia
sociológica que vivencial. Es decir,
la cuaresma es parte de nuestra tradición
religiosa. Muchos cristianos añoran
varias prácticas religiosas del pasado,
como por ejemplo las procesiones, vía
crucis, etc. Y no es que estas prácticas
estén mal, no, sino que no podemos
celebrarlas con toda la carga del pasado,
sino que tenemos que darle un sentido más
vital, más actual a la luz de la realidad
concreta y compleja en que vivimos.
Lamentablemente aún hoy día
vivimos una cuaresma pesimista como si todo
terminara en el sufrimiento y la muerte.
Necesitamos celebrar más profundamente
la Resurrección, no como un hecho
aislado, triunfalista y desencarnado de la
vida cotidiana. Tenemos que darle un profundo
sentido a la muerte de Jesús que conmemoramos
el Viernes Santo. Se tiene una concepción
mágica de la redención y en
el fondo se elimina lo escandaloso de la
cruz histórica de Jesús (Jon Sobrino). Nos señala el teólogo Jon
Sobrino que "sin la cruz la resurrección es idealista;
la utopia de la resurrección cristiana
sólo se hace real desde la cruz". [A la derecha: mosaico de Cristo crucificado]
La muerte de Jesús rompe con toda la
visión que hasta entonces se tenía
de Dios. Porque nuestra fe nos exige reconocer
a Dios en un crucificado en un fracasado,
en un abandonado, que ni tan siquiera sus discípulos
estuvieron dispuestos a salvarlo. Creo que
hace falta reflexionar mucho más sobre
este particular. Ahora nos preguntamos por
qué Jesús, el abandonado de
todos incluso de Dios Padre, fue capaz de
resurrección. Jesucristo resucitó
porque dándolo todo, la muerte ya
no puede quitarle nada. Es una experiencia
profunda de vacío, de kenosis, entrega total y esta experiencia es la
que nosotros como cristianos tenemos que
vivir. Ahora me pregunto si nuestras experiencias
de cuaresma nos sitúan en esta perspectiva
o si en cambio nuestra experiencia de cuaresma
es a nivel de sauna.
Por lo general hemos interpretado desde un
ángulo puramente legalista la muerte
de Jesús (influencia de San Pablo) en el cual Jesús murió en
la cruz para pagar la deuda que el hombre
tenía con Dios. Sin embargo esta interpretación
explica el escándalo de la cruz como
algo individualista y no permite ver del
todo las profundas consecuencias que este
acto conlleva en las estructuras históricas
en que vivimos. Cristo murió en la
cruz para eliminar nuestro pecado y todas
las injusticias sociales que producen y fomentan
el pecado. La muerte de Jesús afecta
en dos planos, el interno y el externo. A
Dios se llega desde la Cruz de Jesús
y no a la inversa (Jon Sobrino).
Para muchos católicos a partir del
Miércoles de Ceniza hay que vivir tristeza, hay que vivir obscuridad
a todos los niveles. Esta actitud pesimista
de la cuaresma es rechazada en parte por
nuestra juventud, y la verdad que los entiendo.
Los jóvenes de hoy desean vivir el
misterio de la muerte y la resurrección
del Señor, pero la juventud busca otros símbolos en torno a la experiencia
cuaresmal. Los jóvenes desean tener
una experiencia profunda de Cristo, pero
no encuentran dónde. No tienen símbolos
cuaresmales que representen sus vidas, angustias
y anhelos. Algunos se encuentran desorientados.
Por ejemplo las pascuas juveniles han tenido
cierto resultado. Creo que es una experiencia
que hay que explorar más en Puerto
Rico.
[Foto: Procesión en Cuaresma en Carolina, en las primeras décadas del siglo
pasado]
A nuestras prácticas cuaresmales les
falta un poco de alegría. Cristo murió
por nosotros, pero no para cogerle pena.
Lo que nos ha dado Jesús es morir
pero para vivir y la vida hay que saber celebrarla.
Sin embargo esto no significa que minimicemos
el sentido de la penitencia, no; de ahí
la importancia del ayuno y la abstinencia.
La influencia misionera española
Ciertamente nuestra actitudes en torno a
la cuaresma tienen su raíz histórica
en la influencia misionera de los españoles.
El sentido de la muerte es muy profundo en
la cultura española. Aquí en Puerto Rico para mucha gente como ya hemos indicado
la cuaresma parece tener fin en el Viernes
Santo. Es un día de gran solemnidad,
pero muchas veces se pierde de perspectiva
que ese Jesús que murió el
Viernes Santo resucitará el domingo.
De ahí que la alegría de la
resurrección tiene que estar muy presente.
Hay quienes señalan que todas estas
situaciones que hemos indicado arrancan de
una evangelización pobre. En el caso
de Puerto Rico, nuestra cultura religiosa
es muy deficiente o no siempre responde a
la realidad del momento en que vivimos. Es
decir hacemos muchas cosas con gran devoción
incluso, pero no siempre sabemos muy bien
lo que hacemos. Ahora, sobre este particular
tenemos que tener bien claro que para que
exista una experiencia religiosa, no necesariamente hay que tener
un conocimiento intelectual sobre ella; no,
incluso en muchos casos un excesivo conocimiento
puede impedir la experiencia misma. Tomemos
el ejemplo de los místicos, siempre
luchando contra toda conceptualización
de Dios. No podemos caer en una conceptualización
de todo lo que hacemos en el plano religioso,
porque de lo contrario se nos puede escapar
la experiencia del misterio y lo indecible
de Dios. [Ilustración: Cristo resucitado instruye
a sus discípulos - Mateo 28:19]
La fe es dar testimonio de la Cruz y la Resurrección
Creo que hoy más que nunca nos hace
falta la experiencia de lo místico.
Por esta razón, como bien señala
Jon Sobrino, la cruz no puede explicarse
en términos lógicos y mucho
menos en esquemas filosóficos ya establecidos.
En conclusión, nuestra fe tiene que
ser adulta, instruida y vivida intensamente.
Indudablemente éste es el gran reto
que nos plantea la fe, es decir dar testimonio
de la Cruz y la Resurrección.
* Lea la encíclica Iglesia de Eucaristía.
* Libros sobre la CUARESMA Y LA PASCUA.
* Conoce más sobre la Cuaresma,
visitando
nuestra Sección Amén.
|