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Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2014:
Se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza


ORIGEN DEL MIÉRCOLES DE CENIZA
y los

MENSAJES DEL PAPA BENEDICTO XVI

«gestos concretos con el prójimo, sobre todo con los más pobres y necesitados»

Y JUAN PABLO II PARA LA CUARESMA

«Hay mayor felicidad en dar que en recibir»


Cuaresma: camino de conversión
Cuaresma mensaje del Papa
Ayuno: contener el propio yo
Origen histórico del Kyrie eléison
Para una renovación interior

La Palabra de Dios y el leccionario católico
Carta de renuncia de Benedicto XVI al papado
¿Miércoles de ceniza, Cuaresma, ayuno?
La Semana Santa en Puerto Rico
Origen histórico del Kyrie eléison
Las mujeres no abandonaron a Jesús
Sor Lucía: vidente de Fátima
Marzo: asesinato del arzobispo Romero



Origen


Miércoles de ceniza
"... la Cuaresma es un momento favorable para convertirnos al amor. Un amor que sepa hacer suya la actitud de compasión y misericordia del Señor...".

l Miércoles de Ceniza en la Iglesia Católica es el primer día de la Cuaresma (ver mensaje del Papa para la Cuaresma, cuarenta días antes de la Pascua. En la Iglesia primitiva, variaba la duración de la Cuaresma, pero eventualmente comenzaba seis semanas (42 días) antes de la Pascua. Esto sólo daba por resultado 36 días de ayuno (ya que se excluyen los domingos). En el siglo VII se agregaron cuatro días antes del primer domingo de cuaresma estableciendo los cuarenta días de ayuno, para imitar el ayuno de Cristo en el desierto.

Era práctica común en Roma que los penitentes comenzaran su penitencia pública el primer día de Cuaresma. Ellos eran salpicados de cenizas, vestidos en sayal y obligados a mantenerse lejos hasta que se reconciliaran con la Iglesia el Jueves Santo o el Jueves antes de la Pascua. Cuando estas prácticas cayeron en desuso (del siglo VIII al X), el inicio de la temporada penitencial de la Cuaresma fué simbolizada colocando ceniza en las cabezas de toda la congregación.

Imponiendo las cenizas Hoy en día en la Iglesia, el Miércoles de Ceniza, el cristiano recibe una cruz en la frente con las cenizas obtenidas al quemar las palmas usadas en el Domingo de Ramos previo. Esta tradición de la Iglesia ha quedado como un simple servicio en algunas Iglesias protestantes como la anglicana y la luterana. La Iglesia Ortodoxa comienza la cuaresma desde el lunes anterior y no celebra el Miércoles de Ceniza. - Pbro. Baltasar López Bucio.

Mensaje del Papa Benedicto XVI en Miércoles de Ceniza

AYUNO, LIMOSNA, Y ORACIÓN PARA CONFORMARNOS A CRISTO

enedicto XVI dedicó la catequesis de la audiencia general de hoy, Miércoles de Ceniza, celebrada en la Plaza de San Pedro, al tiempo litúrgico de la Cuaresma, "el itinerario que nos llevará -dijo el Papa- al Triduo pascual, memoria de la pasión, muerte y resurrección del Señor y corazón del misterio de nuestra salvación".

Los cuarenta días de la Cuaresma poseen, explicó el Santo Padre, una "indudable fuerza evocadora" ya que recuerdan muchos de los acontecimientos que jalonaron la vida del Antiguo Israel, como "los cuarenta días del Diluvio Universal que acabaron con la alianza establecida entre Dios y Noé" o la permanencia de Moisés en el Sinaí culminada con la entrega de las Tablas de la Ley".

"Este período -agregó- nos invita sobre todo a revivir con Jesús los cuarenta días que transcurrió en el desierto, orando y ayunando antes de emprender su misión pública. También nosotros emprendemos un camino de reflexión y oración con todos los cristianos del mundo (...) En todas las parroquias se realiza hoy un gesto austero y simbólico: la imposición de la ceniza. Las palabras "acuérdate que polvo eres y en polvo te convertirás" evocan nuestra condición humana , mientras la fórmula "convertios y creed en el Evangelio" nos invitan a fundar nuestra renovación personal, en la adhesión firme y confiada en el Evangelio". Juan Pablo II Juan Pablo II
DVD - subtítulos Español

Aprobación vaticana

"El camino cuaresmal, acercándonos a Dios, nos permite mirar con ojos nuevos a los hermanos y a sus necesidades. Por eso la Cuaresma es un momento favorable para convertirnos al amor. Un amor que sepa hacer suya la actitud de compasión y misericordia del Señor, como recordé en el título del Mensaje para la Cuaresma: "Al ver Jesús a las gentes se compadecía de ellas".

"La Iglesia, consciente de su propia misión en el mundo- concluyó el Santo Padre- no cesa de proclamar el amor misericordioso de Cristo que sigue dirigiendo su mirada a la humanidad de todos los tiempos (...) El ayuno y la limosna, que, junto con la oración, la Iglesia propone de modo especial en el período de Cuaresma, son una ocasión propicia para conformarnos con esa "mirada".
AG/CUARESMA/... VIS 060301 (370)

La existencia cristiana es lucha sin tregua contra el mal

ras una breve oración en la iglesia romana de San Anselmo en la colina del Aventino, tuvo lugar la tradicional procesión penitencial a la cercana basílica de Santa Sabina. Allí Benedicto XVI presidió la celebración de la Eucaristía, pronunció la homilía y bendijo las cenizas que más tarde se impusieron a todos los participantes en el rito.

"La procesión penitencial con que hemos empezado esta celebración -dijo el Papa al principio de su homilía- nos ha ayudado a entrar en el clima típico de la Cuaresma que es una peregrinación personal y comunitaria de conversión y renovación espiritual".

El Santo Padre explicó después que los ritos cuaresmales como las" estaciones" o visita a las iglesias que contienen reliquias de los mártires y la misma imposición de las cenizas conservan su valor siglo tras siglo " porque recuerdan cuanto sea importante, también en nuestra época, acoger sin compromisos las palabras de Jesús" y "nos hacen entender (...) que los gestos exteriores deben siempre estar acompañados por la sinceridad del ánimo y la coherencia de las obras". Catholic Priesthood
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Reflections on the
Rapidly Changing
Catholic Priesthood

Refiriéndose a otro aspecto de la espiritualidad cuaresmal: el combate, Benedicto XVI explicó que "cada día, pero especialmente en Cuaresma, el cristiano debe afrontar una lucha, como la que Cristo sostuvo en el desierto de Judá". Por eso este tiempo litúrgico recuerda , "que la existencia cristiana es un combate sin tregua, donde se usan las armas de la oración, del ayuno y la penitencia. Luchar contra el mal, contra cualquier forma de egoísmo y odio(...) es el itinerario ascético que todo discípulo de Jesús está llamado a sostener".

"Seguir dócilmente al divino Maestro -subrayó el Santo Padre- hace de los cristianos testigos y apóstoles de paz" y esa actitud "nos ayuda a evidenciar mejor cual debe ser la respuesta cristiana a la violencia que amenaza la paz en el mundo. De cierto, no es la venganza, ni el odio, ni tampoco la fuga en un espiritualismo falso".

"La respuesta es (...) recorrer el camino seguido por Aquel que frente a los males de su tiempo y de todos los tiempos abrazo decididamente la Cruz, siguiendo el sendero más largo, pero eficaz del amor" que debe traducirse en "gestos concretos con el prójimo, sobre todo con los más pobres y necesitados" y que constituye uno de los elementos esenciales de la vida de los cristianos, "llamados por Jesús a ser luz del mundo para que los hombres, viendo sus buenas obras rindan gloria a Dios".
Cruzando
Juan Pablo II:
Cruzando el umbral
de la esperanza


El Papa concluyó su homilía recalcando la oportunidad de esa sugerencia "al inicio de la Cuaresma para que entendamos cada vez más que " para la Iglesia, la caridad no es una especie de actividad de asistencia social (...) sino que pertenece a su naturaleza y es manifestación irrenunciable de su propia esencia".
HML/MIERCOLES CENIZA/... VIS 060302 (480)

Mensaje de Juan Pablo II en el Miércoles de Ceniza

N LA AUDIENCIA general de hoy, Miércoles de Ceniza, el Papa afirmó que "iniciamos junto con toda la Iglesia, un camino de cuarenta días de preparación para la Pascua con el signo austero de la imposición de la ceniza, acompañado por la exhortación de Cristo: 'Convertíos y creed en el Evangelio'".

"A todos los seres humanos -continuó- se les recuerda de este modo su condición de pecadores, así como la necesidad de penitencia y de conversión. La fe cristiana nos recuerda que esta urgente invitación a rechazar el mal y a hacer el bien es un don de Dios, del que proviene toda realidad buena para la vida del hombre. Todo tiene su origen en la gratuita iniciativa de Dios, que nos ha creado para la felicidad y orienta todas las cosas hacia el verdadero bien". Catecismo
Nuevo Catecismo
de la Iglesia Católica

El Santo Padre señaló que el mensaje de Cuaresma de este año está centrado en la gratuidad de la iniciativa de Dios en nuestra vida. (...) El camino de conversión que hoy emprendemos con confianza, entra plenamente en este contexto originario de amor y de gratuidad. La limosna y los gestos de caridad que estamos invitados a realizar especialmente en este tiempo penitencial, ¿no son quizá una respuesta a la gratuidad de la gracia divina?".

"La sociedad actual tiene una gran necesidad de volver a descubrir el valor de la gratuidad, especialmente porque en nuestro mundo a menudo parece triunfar una lógica que busca exclusivamente el beneficio por encima de todo. Frente a la sensación difusa de que todas las decisiones y los gestos están dominados por la lógica de la compraventa del mercado y del triunfo de la ley del mayor provecho posible, la fe cristiana propone el ideal de la gratuidad, fundado en la libertad de las personas, animadas por auténtico amor".

Mensaje del Papa para la Cuaresma 2003
«Hay mayor felicidad en dar que en recibir»

Queridos hermanos y hermanas:

1. La Cuaresma, tiempo «fuerte» de oración, ayuno y atención a los necesitados, ofrece a todo cristiano la posibilidad de prepararse a la Pascua haciendo un serio discernimiento de la propia vida, confrontándose de manera especial con la Palabra de Dios, que ilumina el itinerario cotidiano de los creyentes.

Este año, como guía para la reflexión cuaresmal, quisiera proponer aquella frase de los Hechos de los Apóstoles: «Hay mayor felicidad en dar que en recibir» (20,35). No se trata de un simple llamamiento moral, ni de un mandato que llega al hombre desde fuera. La inclinación a dar está radicada en lo más hondo del corazón humano: toda persona siente el deseo de ponerse en contacto con los otros, y se realiza plenamente cuando se da libremente a los demás. Consecrated Religious Life
Consecrated Religious
Life: The Changing
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2. Nuestra época está influenciada, lamentablemente, por una mentalidad particularmente sensible a las tentaciones del egoísmo, siempre dispuesto a resurgir en el ánimo humano. Tanto en el ámbito social, como en el de los medios de comunicación, la persona está a menudo acosada por mensajes que insistente, abierta o solapadamente, exaltan la cultura de lo efímero y lo hedonístico. Aun cuando no falta una atención a los otros en las calamidades ambientales, las guerras u otras emergencias, generalmente no es fácil desarrollar una cultura de la solidaridad. El espíritu del mundo altera la tendencia interior a darse a los demás desinteresadamente, e impulsa a satisfacer los propios intereses particulares. Se incentiva cada vez más el deseo de acumular bienes. Sin duda, es natural y justo que cada uno, a través del empleo de sus cualidades personales y del propio trabajo, se esfuerce por conseguir aquello que necesita para vivir, pero el afán desmedido de posesión impide a la criatura humana abrirse al Creador y a sus semejantes. ¡Cómo son válidas en toda época las palabras de Pablo a Timoteo: «el afán de dinero es, en efecto, la raíz de todos los males, y algunos, por dejarse llevar de él, se extraviaron en la fe y se atormentaron con muchos dolores», (1 Timoteo 6, 10).

La explotación del hombre, la indiferencia por el sufrimiento ajeno, la violación de las normas morales, son sólo algunos de los frutos del ansia de lucro. Frente al triste espectáculo de la pobreza permanente que afecta a gran parte de la población mundial, ¿cómo no reconocer que la búsqueda de ganancias a toda costa y la falta de una activa y responsable atención al bien común llevan a concentrar en manos de unos pocos gran cantidad de recursos, mientras que el resto de la humanidad sufre la miseria y el abandono?

Apelando a los creyentes y a todos los hombres de buena voluntad, quisiera reafirmar un principio en sí mismo obvio aunque frecuentemente incumplido: es necesario buscar no el bien de un círculo privilegiado de pocos, sino la mejoría de las condiciones de vida de todos. Sólo sobre este fundamento se podrá construir un orden internacional realmente marcado por la justicia y solidaridad, como es deseo de todos.

3. «Hay mayor felicidad en dar que en recibir». El creyente experimenta una profunda satisfacción siguiendo la llamada interior de darse a los otros sin esperar nada.

El esfuerzo del cristiano por promover la justicia, su compromiso de defender a los más débiles, su acción humanitaria para procurar el pan a quién carece de él, por curar a los enfermos y prestar ayuda en las diversas emergencias y necesidades, se alimenta del particular e inagotable tesoro de amor que es la entrega total de Jesús al Padre. El creyente se siente impulsado a seguir las huellas de Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre que, en la perfecta adhesión a la voluntad del Padre, se despojó y humilló a sí mismo, (cf. Filipenses 2,6 ss), entregándose a nosotros con un amor desinteresado y total, hasta morir en la cruz. Desde el Calvario se difunde de modo elocuente el mensaje del amor trinitario a los seres humanos de toda época y lugar.

San Agustín observa que sólo Dios, el Sumo Bien, es capaz de vencer las miserias del mundo. Por tanto, de la misericordia y el amor al prójimo debe brotar una relación viva con Dios y hacer constante referencia a Él, ya que nuestra alegría reside en estar cerca de Cristo (cf. «De civitate Dei», Lib. 10, cap. 6; CCL 39, 1351 ss).

4. El Hijo de Dios nos ha amado primero, «siendo nosotros todavía pecadores», (Romanos 5, 8), sin pretender nada, sin imponernos ninguna condición a priori. Frente a esta constatación, ¿cómo no ver en la Cuaresma la ocasión propicia para hacer opciones decididas de altruismo y generosidad? Como medios para combatir el desmedido apego al dinero, este tiempo propone la práctica eficaz del ayuno y la limosna. Privarse no sólo de lo superfluo, sino también de algo más, para distribuirlo a quien vive en necesidad, contribuye a la negación de sí mismo, sin la cual no hay auténtica praxis de vida cristiana. Nutriéndose con una oración incesante, el bautizado demuestra, además, la prioridad efectiva que Dios tiene en la propia vida.

Es el amor de Dios infundido en nuestros corazones el que tiene que inspirar y transformar nuestro ser y nuestro obrar. El cristiano no debe hacerse la ilusión de buscar el verdadero bien de los hermanos, si no vive la caridad de Cristo. Aunque lograra mejorar factores sociales o políticos importantes, cualquier resultado sería efímero sin la caridad. La misma posibilidad de darse a los demás es un don y procede de la gracia de Dios. Cómo san Pablo enseña, «Dios es quien obra en vosotros el querer y el obrar, como bien le parece» (Filipenses 2, 13).

5. Al hombre de hoy, a menudo insatisfecho por una existencia vacía y fugaz, y en búsqueda de la alegría y el amor auténticos, Cristo le propone su propio ejemplo, invitándolo a seguirlo. Pide a quién le escucha que desgaste su vida por los hermanos. De tal dedicación surge la realización plena de sí mismo y el gozo, como lo demuestra el ejemplo elocuente de aquellos hombres y mujeres que, dejando sus seguridades, no han titubeado en poner en juego la propia vida como misioneros en muchas partes del mundo. Lo atestigua la decisión de aquellos jóvenes que, animados por la fe, han abrazado la vocación sacerdotal o religiosa para ponerse al servicio de la «salvación de Dios». Lo verifica el creciente número de voluntarios, que con inmediata disponibilidad se dedican a los pobres, a los ancianos, a los enfermos y a cuantos viven en situación de necesidad.

Recientemente se ha asistido a una loable competición de solidaridad con las víctimas de los aluviones en Europa, del terremoto en América Latina y en Italia, de las epidemias en África, de las erupciones volcánicas en Filipinas, sin olvidar otras zonas del mundo ensangrentadas por el odio o la guerra.

En estas circunstancias los medios de comunicación social desarrollan un significativo servicio, haciendo más directa la participación y más viva la disponibilidad para ayudar a quién se encuentra en el sufrimiento y la dificultad. A veces no es el imperativo cristiano del amor lo que motiva la intervención en favor de los demás, sino una compasión natural. Pero quien asiste al necesitado goza siempre de la benevolencia de Dios. En los Hechos de los Apóstoles se lee que la discípula Tabita se salvó porque hizo bien al prójimo (cf. 9,36 ss). El centurión Cornelio alcanzó la vida eterna por su generosidad (cf. ibíd 10,1-31).

Para los «alejados», el servicio a los pobres puede ser un camino providencial para encontrarse con Cristo, porque el Señor recompensa con creces cada don hecho al prójimo (cf. Mateo 25, 40).

Deseo de corazón que la Cuaresma sea para los creyentes un período propicio para difundir y testimoniar el Evangelio de la caridad en todo lugar, ya que la vocación a la caridad representa el corazón de toda auténtica evangelización. Para ello invoco la intercesión de María, Madre de la Iglesia. Que Ella nos acompañe en el itinerario cuaresmal. Con estos sentimientos bendigo a todos con afecto.

Vaticano, 2003
JOANNES PAULUS II


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