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EL BEATO (Bienaventurado) OSCAR ROMERO
PROFETA Y MÁRTIR DE NUESTRO TIEMPO

por Luis R. Negrón Hernández

(c) CopyRight - Prohibido copiar, reproducir

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Las mujeres no abandonaron a Jesús
Padre Álvaro: mi amigo y mentor
Benedicto XVI: Biografía oficial
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Sor Lucía: vidente de Fátima
Curas felices

*NOTA: Beatificado el 23 de mayo del 2015

El prelado Monseñor
Oscar Arnulfo Romero,
de El Salvador



ACE 36 AÑOS, en 1979, el arzobispo salvadoreño Oscar Arnulfo Romero hizo un llamado, a través de los medios de comunicación, a las fuerzas armadas para que detuvieran inmediatamente las masacres que a diario cometían contra la población indígena y pobre de su país.

"¡Por el amor de Dios!", rogó a los soldados para que no obedecieran las órdenes de sus superiores cuando les instruyeran matar a inocentes. Y pidió al gobierno del presidente norteamericano Ronald Reagan que parara de suplir armas y equipos a la maquinaria militar de su país, cuya "ayuda" ascendía de 1.0 a 1.5 millones de dólares diarios. Los altos oficiales eran entrenados en la Escuela de las Américas, en el estado de Georgia de los Estados Unidos.

Jóvenes aparecían descuartizados semanalmente en las calles, muchachas eran ultrajadas y luego asesinadas por fuerzas paramilitares en las villas, poblaciones civiles eran bombardeadas, sacerdotes, monjas y catequistas eran tiroteados. Agentes de la CIA, del Departamento de Estado y grupos especiales de combate de los Estados Unidos salían y entraban de los cuarteles de los altos oficiales del ejército.

Las instituciones universitarias y medios de comunicación que se atrevieron a denunciar la represión del gobierno y sus partidiarios comenzaron a ser objeto de la represión brutal. Ante el ataque dinamitero de la radioemisora YSAX, -La Voz Panamericana, que transmitía sus homilías dominicales- y los cometidos contra la Universidad Centroamericana José Santos Simeón (UCA), el obispo Romero levantó de nuevo su voz de indignación y denunció sin titubeos públicamente:
[Foto: el arzobispo Romero en una barriada de la Capital].

"Este hecho de haber dinamitado la YSAX es todo un
símbolo. ¿Qué significa? La oligarquía, al ver que existe
el peligro de que pierda el completo dominio que tiene
sobre el control de la inversión, de la agroexportación,
y sobre el casi monopolio de la tierra, está defendiendo
sus egoístas intereses, no con razones, no con apoyo
popular, sino con lo único que tiene, dinero que le permite
comprar armas y pagar mercenarios que están
masacrando al pueblo y ahogando toda legítima expresión
que clama justicia y libertad. Por eso estallan todas las
bombas manejadas bajo ese signo, la de la UCA. Por ello
también han asesinado a tantos campesinos, estudiantes,
maestros, obreros y demás personas organizadas".

Monseñor Romero recorría las calles y presenciaba las horribles matanzas. Cada día las voces de denuncia eran apagadas con la intimidación. Pero su predicación no cesaba; era clara, defendía la vida humana y buscaba la reconciliación:

"Este es el pensamiento fundamental de mi
predicación. Nada me importa tanto como la
vida humana. Es algo tan serio y tan profundo,
más que la violación de cualquier otro derecho
humano, porque es vida de los hijos de Dios
y porque esa sangre no hace sino negar el amor,
despertar nuevos odios, hacer imposible la
reconciliación y la paz".
[Foto: tres cruces en memoria de los
jesuitas asesinados en El Salvador].

Como en muchos de los países del Tercer Mundo, sólo un puñado de familias sumamente ricas acaparaban el total de las tierras, mientras el resto del pueblo vivía en condiciones de extrema pobreza. El 16 de marzo de 1980, le dijo a su pueblo:

"En este momento en que la tierra de El Salvador es objeto
de conflictos, no olvidemos que la tierra está muy ligada a
las bendiciones y a las promesas de Dios.

El hecho es que Israel ya tiene tierra propia. Toda esta tierra
la daré
, le había dicho Dios a los patriarcas; y después del
cautiverio, conducidos por Moisés y Josué, aquí está la tierra.
Por eso se celebra una gran liturgia de acción de gracias, la
primera Pascua de Israel; que ya nos llama a nosotros a
celebrar con igual gratitud, adoración, reconocimiento, al
Dios que nos salva, que nos ha sacado también de las
esclavitudes. El Dios en quien ponemos nuestra esperanza
para nuestras liberaciones es el Dios de Israel, que está
recibiendo este día la celebración de la primera Pascua.

Hay un sentido teológico -decía- entre la reconciliación y la
tierra. Y yo quiero subrayar esta idea, hermanos, porque
me parece muy oportuna. No tener tierra es consecuencia
del pecado. Adán saliendo del paraíso, hombre sin tierra,
es fruto del pecado. Hoy Israel, perdonado por Dios,
regresando a la tierra, comiendo ya espigadas de su tierra,
frutos de su tierra, Dios que bendice en el signo de la tierra.

La tierra tiene mucho de Dios, y por eso gime cuando los
injustos la acaparan y no dejan tierra para los demás. Las
reformas agrarias son una necesidad teológica; no puede
estar la tierra de un país en unas pocas manos. Tiene que
darse a todos, y que todos participen de las bendiciones
de Dios en esa tierra, que cada país tiene su tierra prometida
en el territorio que la geografía le señala.

Pero debíamos de ver siempre -y no olvidarlo nunca esta
realidad teológica-, de que la tierra es un signo de la justicia,
de la reconciliación. No habrá verdadera reconciliación de
nuestro pueblo con Dios mientras no haya un justo
reparto, mientras los bienes de la tierra de El Salvador
no lleguen a beneficiar y hacer felices a todos los
salvadoreños".

[Foto: a la extrema derecha el padre Rutilio Grande junto a otros que fueron poco después asesinados en El Salvador].

Pero para los que ostentaban el poder militar y económico del país, ese llamado a la "justicia social y cristiana" representaba el fin de su dominio, una amenaza, una provocación. El obispo Romero comenzó a recibir toda clase de injurias y amenazas anónimas contra su vida. Pero, en vez de despertar en su espíritu perturbación, rogó por sus enemigos:

"Me da más lástima que cólera cuando me ofenden y
me calumnian. Me da lástima de esos pobres cieguitos
que no ven más allá de la persona. Que sepan que no
guardo ningún rencor, ningún resentimiento, ni me ofende...
todos esos anónimos que suelen llegar con tanta rabia
o que se pronuncian por otros medios o que se viven en
el corazón. Y no es una lástima de superioridad; es una
lástima de agradecimiento a Dios y de súplica a Dios:
Señor, ábreles los ojos.
Señor, que se conviertan.
Señor, que en vez de estar viviendo esa amargura de odio
que viven en su corazón, vivan la alegría de la
reconciliación contigo".

Sus denuncias y su obra en defensa de "los más pequeños" no eran ajenas al mundo. El 14 de febrero de 1978 había sido nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Georgetown (EE.UU.); y en 1979 había sido nominado al Premio Nobel de la Paz y en febrero de 1980 era investido Doctor Honoris Causa por la Universidad de Lovaina, de Bélgica. También recibía el premio Paz de Acción Ecuménica de Suecia. El gobierno norteamericano, no obstante, lo ve sólo como un obstáculo militar y se queja al Vaticano. ¿Pero no lo entendían, o no les convenía entenderlo? ¿En nombre de qué reino político hablaba; de la izquierda; en favor de los "comunistas"? Pero si repetía una y otra vez lo que el 2 de septiembre de 1979 les había aclarado:

"No nos pueden entender los que no entienden la
trascendencia.
Cuando hablamos de la injusticia
aquí abajo y la denunciamos,
piensan que ya estamos
haciendo política. Es en nombre de ese
Reino justo
de Dios que denunciamos las injusticias de la tierra
y en nombre de aquel premio eterno que les decimos
a los que todavía trabajan en la tierra:

Trabajen, pongan al servicio de la patria todo su esfuerzo,
sus capacidades técnicas, profesionales, políticas,
para dar a El Salvador una patria que no sea ya el producto
de
tantos corazones, sino que sea de verdad la política
santa,
la profesión y la justicia tal como la debían de hacer
los hijos de Dios
manejando la política de la tierra".

No era la prédica de Mao, del Che o de Marx. Eran las enseñanzas de Cristo claramente expresadas en el Evangelio. El arzobispo Romero sólo veía en cada compatriota perseguido y abusado al mismo Cristo. El estaba allí; en cada masacre y cuarto de torturas:

"Dios en Cristo vive cerquita de nosotros.
Cristo nos ha dado una pauta:

"Tuve hambre y me diste de comer".
Donde haya un hambriento allí está Cristo muy cerca.

"Tuve sed y me diste de beber".
Cuando alguien llega a tu casa pidiéndote agua, es Cristo
si tú miras con fe.

En el enfermo que está deseando una visita. Cristo te dice:
"Estuve enfermo y me viniste a visitar".

O en la cárcel. ¡Cuántos se avergüenzan hoy de dar su
testimonio a favor del inocente!
¡Qué terror se ha sembrado en nuestro pueblo que hasta
los amigos traicionan al amigo cuando lo ven en desgracia!

Si viéramos que es Cristo el hombre necesitado, el hombre
torturado, el hombre prisionero, el asesinado, y en cada
figura de hombre, botadas tan indígnamente por nuestros
caminos, descubriéramos a ese Cristo botado, medalla
de oro que recogeríamos con ternura y la besaríamos y no
nos avergonzaríamos de él.

¡Cuánto falta para despertar en los hombres de hoy,
sobre todo en aquellos que torturan y matan y que prefieren
sus capitales al hombre, retener en cuenta que de nada
sirve todo, los millones de la tierra nada valen por encima
del hombre.

El hombre es Cristo,
y en el hombre visto con fe y tratado con fe miramos
a Cristo el Señor".

Aquel profeta de Dios veía claramente que su pueblo sufría una Cuaresma histórica. Pero su espíritu estaba gozoso porque también como cristiano sentía venir la esperanza de la resurrección.
[Foto a la derecha: altar donde fue asesinado el arzobispo Romero].

Dijo:

"Ya de por sí la Pascua es grito de victoria, que nadie puede
apagar aquella vida que Cristo resucitó y que ya la muerte
ni todos los signos de muerte ni de odio contra él ni contra
su Iglesia podrán vencer. ¡El es el victorioso!

Pero, que así como florecerá en una Pascua de Resurrección
inacabable, es necesario acompañarlo también en una
cuaresma, en una Semana Santa, que es cruz, sacrificio,
martirio. Y como él decía: dichosos los que no se escandalizan
de su cruz.

La cuaresma, pues, es un llamamiento a celebrar nuestra
redención en ese difícil complejo de cruz y de victoria.
Nuestro pueblo actualmente está muy capacitado; todo su
ambiente nos predica de cruz.

Pero los que tienen fe y esperanza cristiana saben que detrás
de este calvario de El Salvador está nuestra Pascua,
nuestra resurrección.
Y esa es la esperanza del pueblo cristiano."

Mas, ¿fue aquel peligroso Por amor de Dios que dirigió a las tropas para que desobedecieran las órdenes de asesinar dadas por sus superiores lo que colmó la copa de los generales? Al día siguiente de este llamado dramático, un 24 de marzo de 1979, el obispo Romero fue ultimado de un tiro que le traspasó el corazón en la capilla del hospital para cancerosos La Divina Providencia. Estaba celebrando la Eucaristía, consagrando el pan y el vino. Y, sin duda, por fin vio la Resurreción prometida.

[Foto: el arzobispo Romero cae sin vida junto al altar].


Poco después, varios sacerdotes jesuitas profesores universitarios fueron ultimados a tiros en horas de la noche por escuadrones de la muerte del gobierno. Pasados varios días, el tan ahora "elogiado" general Colin Powell voló a El Salvador,  visitó a la alta jerarquía del ejército y felicitó a las fuerzas armadas por "su gran labor en defensa de la democracia". Ante la indignación internacional, el líder de los escuadrones de la muerte mayor Roberto D'Aubuisson, quien junto a otros fueron entrenados y graduados de la escuela militar de Fort Benning, Georgia, fue detenido acusado de ordenar el asesinato del padre Romero, mas fue luego puesto en libertad con el beneplácito del ministro de Defensa. D'Aubuisson murió de cáncer en la lengua,y el esófago en febrero de 1992.

Oscar Romero es hoy considerado por muchos el mártir de los pobres en todas Las Américas. La causa para la beatificación del Siervo de Dios se sigue en el Vaticano por los sacerdotes postuladores Rafael Urrutia y Jesús Delgado.
   
Estos hechos fueron representados en la dramática película "Romero ", interpretando al obispo nuestro actor puertorriqueño Raúl Juliá. [Aquellos interesados en conocer más sobre la vida del padre Oscar Arnulfo, vean: libros y película de Romero].

La sangre de los mártires continúa reafirmando la comunión de los Santos en nuestra iglesia. El 24 de mayo de 1993 fue ametrallado por narcotraficantes en el aeropuerto de Guadalajara, México, el Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo. El 26 de abril de 1998, fue asesinado en Guatemala el obispo Juan José Gerardi quien denunciaba a la junta militar de perpetrar abusos a los derechos humanos contra la población indígena. Dos días antes, había presidido en la Catedral Metropolitana, junto con otros obispos de la Conferencia Episcopal de su país, la entrega pública del informe "Nunca Más", que documenta y analiza decenas de miles de casos de violaciones de derechos humanos cometidas durante tres décadas de guerra civil en ese país. Y en estos días de Cuaresma, el 16 de marzo del 2002 -esta vez en Cali, Colombia- fue ultimado a balazos el arzobispo Isaías Duarte Cancino, junto a su iglesia "El Buen Pastor" en el vecindario pobre donde trabajaba. Duarte era un enérgico defensor de la vida humana, y criticaba abiertamente a los enemigos de la paz: los paramilitares, la guerrilla y los políticos apoyados por narcotraficantes colombianos.

A estos obispos católicos, se unen en latinoamérica decenas de sacerdotes, laicos y hermanas religiosas que han dado sus vidas por reclamar los derechos de los pobres, a quienes pertenece el Reino de los cielos (Lucas 6, 20).
________________

*NOTA: El presidente de El Salvador, Mauricio Funes, pidió el miércoles 24 de marzo del 2010, perdón por el asesinato, del arzobispo Óscar Arnulfo Romero y dijo que los escuadrones de la muerte que lo perpetraron "actuaron bajo la cobertura, colaboración, aquiescencia o participación de agentes estatales".

Según documentos de la Comisión de la Verdad que investigó los crímenes durante la guerra civil en El Salvador, "existe plena evidencia" de la participación del ya fallecido Roberto D'Aubuisson, fundador de la derechista Alianza Republicana Nacionalista, partido que gobernó ese país entre 1989 y junio de 2009.

La Comisión determinó que D'Aubuisson "dio la orden de asesinar al arzobispo" e "instrucciones precisas" a miembros de su entorno de seguridad, actuando como "escuadrón de la muerte", para "organizar y supervisar la ejecución del asesinato".

El 3 de septiembre del 2004, el juez federal Oliver Wanger, de Fresno, California, había encontrado culpable al capitán de la fuerza aérea salvadoreña, Álvaro Rafael Saravia, de ser el responsable de la organización del asesinato del arzobispo Romero. Un asesinato que, según dijo el juez, constituye un crimen contra la humanidad, ya que fue parte de un ataque "sistemático y extendido para aterrorizar a la población civil" de El Salvador.

* Lea las encíclicas:
Encíclica Dios es amor : síntesis
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