Santa Clo va a la Cuchilla
- fragmento -
Por Abelardo Díaz Alfaro
Origen del pesebre de Navidad
Nochebuena: 1er. mensaje de Benedicto XVI
Alegría, sobriedad caracterizan Navidad (Benedicto XVI)
El primer pesebre de Navidad
Convierte tu casa, cuerpo, patria en casa
de Nazaret
La mejor música para tu Navidad
L ROJO DE UNA BANDERA tremolando sobre una bambúa señalaba la
escuelita de Peyo Mercé. La escuelita tenía
dos salones separados por un largo tabique.
En uno de esos salones enseñaba ahora un
nuevo maestro: Mister Johnny Rosas.
Desde el lamentable incidente en que Peyo
Mercé lo hizo quedar mal ante Mr. Juan Gymns,
el supervisor creyó prudente nombrar otro
maestro para el barrio La Cuchilla que enseñara
a Peyo los nuevos métodos pedagógicos y llevara
la luz del progreso al barrio en sombras.
Llamó a su oficina al joven y aprovechado
maestro Johnny Rosas, recién graduado y que
había pasado su temporadita en los Estados
Unidos, y solemnemente le dijo:
"Oye, Johnny, te voy a mandar al barrio
La Cuchilla para que lleves lo ultimo que
aprendiste en pedagogía. Ese Peyo no sabe
ni jota de eso; está como cuarenta años atrasado
en esa materia. Trata de cambiar las costumbres
y, sobre todo, debes enseñar mucho inglés,
mucho inglés."
...Y el supervisor Johnny Rosas sacó al maestro
Peyo Mercé de su ensoñación con estas palabras:
"Este año hará su debut en La Cuchilla
Santa Claus. Eso de los Reyes está pasando
de moda. Eso ya no se ve mucho por San Juan.
Eso pertenece al pasado. Invitaré a Mr. Rogelio
Escalera para la fiesta; eso le halagará
mucho." Peyo se rascó la cabeza, y sin
apasionamiento respondió:
"Allá tu como Juana con sus pollos. Yo como
soy jíbaro y de aquí no he salido, eso de
los Reyes lo llevo en el alma. Es que nosotros
los jíbaros sabemos oler las cosas como olemos
el bacalao." |
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The Nativity
Story - DVD
Subtítulos: Español
Estrenada
en el Vaticano |
Y se dio Johnny a preparar mediante unos
proyectos el camino para la "Gala Premiere"
de Santa Claus en La Cuchilla. Johnny mostró
a sus discípulos una lámina en que aparecía
Santa Claus deslizándose en un trineo tirado
por unos renos. Y Peyo, que a la sazón se
había detenido en el umbral de la puerta
que dividía los salones, a su vez se imaginó
otro cuadro: un jibaro jincho y viejo montado
en una yagua arrastrada por unos cabros.
Y mister Rosas preguntó a los jibaritos: "¿Quién
es este personaje?" Y Benito, "avispao"
y "maleto" como el solo, le respondió:
"Mistel, ese es año viejo colorao."
Y Johnny Rosas se admiró de la ignorancia
de aquellos muchachitos y a la vez se indignó
por el descuido de Peyo Mercé.
Llegó la noche de la Navidad. Se invitó a
los padres del barrio.
Peyo en su salón hizo una fiestecita típica
que quedó la mar de lucida. Unos jibaritos
cantaban coplas y aguinaldos con acompañamiento
de tiples y cuatros Y para finalizar aparecían
los Reyes Magos, mientras el viejo trovador
Simón versaba sobre "Ellos van y vienen,
y nosotros no." Repartió arroz con dulce
y bombones, y los muchachitos se intercambiaron
"engañitos".
Y Peyo indicó a sus muchachos que pasarían
al salón de Mr. Johnny Rosas, que les tenía
una sorpresa, y hasta había invitado al supervisor
Mr. Rogelio Escalera.
En medio del salón se veía un arbolito artificial
de Navidad. De estante a estante colgaban
unos cordones rojos. De las paredes pendían
coronitas de hojas verdes y en el centro
un fruto encarnado. En letras cubiertas de
nieve se podía leer: "Merry Christmas".
Todo estaba cubierto de escarcha.
Los compadres miraban atónitos todo aquello
que no habían visto antes. Mister Rogelio
Escalera se veía muy complacido.
Unos niños subieron a la improvisada plataforma
y formaron un acróstico con el nombre de
Santa Claus. Uno relató la vida de Noel y
un coro de niños entonó "Jingle Bells",
haciendo sonar unas campanitas. Y los padres
se miraban unos a otros asombrados. Mister
Rosas se ausentó un momento. Y el supervisor
Rogelio Escalera habló a los padres y niños
felicitando al barrio por tan bella fiestecita
y por tener un maestro tan activo y progresista
como lo era Mister Rosas.
Y Mister Escalera requirió de los concurrentes
el más profundo silencio, porque pronto les
iba a presentar a un extraño y misterioso
personaje. Un corito inmediatamente rompió
a cantar:
Santa Claus viene ya ... ¡Qué lento caminar!
Tic, tac, tic, tac.
Y de pronto surgió en el umbral de la puerta
la rojiblanca figura de Santa Claus con un
enorme saco a cuestas, diciendo en voz cavernoso:
"Here is Santa, Merry Christmas to you,
all!"
Un grito de terror hizo estremecer el salón.
Unos campesinos se tiraban por las ventanas,
los niños más pequeños empezaron a llorar
y se pegaban a las faldas de las comadres,
que corrían en desbandada. Todos buscaban
un medio de escape. Y Mister Rosas corrió
tras ellos, para explicarles que él era quien
se había vestido de tan extraña forma; pero
entonces aumentaba el griterío y se hacía
más agudo el pánico. Una vieja se persignó
y dijo: "¡Conjurao sea! Si es el mesmo
demonio jablando en americano!"
El supervisor hacía inúltiles esfuerzos por
detener a la gente y clamaba desaforadamente:
"No corran; no sean puertorriqueños
batatitas. Santa Claus es un hombre humano
y bueno."
A lo lejos se escuchaba el griterío de la
gente en desbandada. Y mister Escalera, viendo
que Peyo Mercé había permanecido indiferente
y hiératico, vació todo su rencor en él y
le increpó a voz en cuello: "Usted,
Peyo Mercé, tiene la culpa de que en pleno
siglo veinte se den en este barrio esas salvajadas."
Y Peyo, sin inmutarse, le contestó: "Mister
Escalera, yo no tengo la culpa de que ese
santito no esté en el santoral puertorriqueño."
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* Lea también de don Abelardo Díaz Alfaro,
su famoso: El Josco.
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