Mi amigo y mentor: el padre Alvaro
por Idalia Seijo
Edición, apuntes, foto: Luis R. Negrón Hernández
La talla de santos de cara a la historia
Historia de los dominicos en Puerto Rico
Oración por la patria puertorriqueña
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Padre Alvaro de Boer
El padre Alvaro nació en 1918 en Volendam,
Holanda. Hijo de
pescadores, contestó al
llamado de Jesús
en 1937 para convertirse
en pescador de hombres
para el Reino de los
Cielos. Fue ordenado
sacerdote dominico en
1943, durante la
cruel invasión de los Nazis
a su patria. En 1934,
el Provincial de la
Orden de Predicadores
lo asignó a trabajar
en Puerto Rico, comenzando
en el pueblo de
Yauco. Y desde entonces,
se identificó tanto
con nuestra patria
que se hizo para orgullo
nuestro, un hijo
de ella. Entregado a su
vocación evangélica,
se comprometió de inmediato
con los pobres, la
justicia y los valores
de nuestra cultura
e identidad nacional.
Que Dios multiplique
sobre tí las bendiciones
que has derramado
sobre nuestro pueblo.
ODA A LA PATRIA
Por Alvaro de Boer, O.P.
Cruzando los mares del mundo
buscaba la felicidad
sin brújula en tanta tormenta:
imagen de la humanidad.
San Juan, te vi faro del mundo,
y en sueños te oigo en el coquí.
Que nadie me compre o me venda.
De nadie Soy, sino de aquí.
Despierta conmigo, paisano;
a ti to entrego esta canción
de gloria a Dios en las alturas,
camino de liberación.
Los puertos a los que llegaba,
por suerte, en esta confusión
no lograban tranquilizarme;
no alcanzaban mi corazón.
Pensé que de donde venía
ahí me iba, que todo era igual.
Me estaba velado quien era:
la mezcla del bien y del mal.
Pasando por esta aventura
con todo lo que descubrí
gustaba to que me contaban
del Puerto de donde partí.
Hallaba to que ya tenía:
acentos de una identidad,
reflejo de un cielo de estrellas
formando una comunidad.
Pienso en nuestros antepasados
y en Dávila con su bambú
doblado para levantarse,
rechazo de la esclavitud.
Los que ahora no pueden,
no quieren;
cuando optan por la sumisión:
anuncio de toda derrota,
devota de superación.
Los bardos que cantan la historia
preñada de negra maldad
nos llaman frente a este mensaje
los hijos de la libertad.
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LLÁ PARA PRINCIPIOS DEL 1962, y por recomendación de Carlos Manuel Rodríguez,
fui con mi amiga Norma Díaz a la Parroquia
Santa Cruz de Bayamón a conocer a un sacerdote
dominico Ilamado padre Alvaro de Boer, holandés,
residente en Puerto Rico desde 1946.
Carlos Manuel [beatificado recientemente] lo había conocido
durante su tiempo como párroco en Ensenada
y consideraba que podia ayudarnos en nuestros
proyectos de aquel entonces.
Como estudiantes de la U.P.R. en Río Piedras,
participábamos de las actividades del Centro
Universitario Católico, dirigido en aquella
época por el padre Quevedo, S.J. Unos días
nos reuníamos en la casita de la Avenida
Universidad y otros, en la de la Mariana
Bracetti. Aquí fue donde empezamos a compartir
con el Padre Alvaro nuestras inquietudes
a ilusiones.
Nos impresionó como una persona cálida, de
convicciones profundas, decidido a arriesgarse,
tomando initiativas que pudieran ser alternativas
válidas para el crecimiento de la vida religiosa
puertorriqueña. Así fue como se empezó a
cuajar lo que hoy es la Comunidad Jesús Mediador.
Este pastor de tantos desvelos al cuido de
su rebaño, nos enseñó a amar lo nuestro.
Su gran pasión por el arte de "los santitos"
de palo, tallados como expresión de la fe
de nuestro pueblo humilde y grande a la vez,
fue como el rayo de luz que empezó a iluminar
nuestras mentes a incendiar nuestros corazones.
La incorporación del folclor musical puertorriqueño
en las celebraciones litúrgicas allá en La
Milagrosa, con aquella hermosa comunidad
de Hato Tejas, fue una experiencia llena
de Dios. Recién se aprobaba el uso del vernáculo
en la liturgia durante el Concilio Vaticano
II y ya estábamos estrenando la Misa en "La"
Menor del maestro Pedro Escabí Agostini en
la liturgia dominical. iFue grandioso! Padre
Alvaro había cultivado con esmero el alma
litúrgica de aquella comunidad.
Gracias a la generosidad de la señora Inés
Dávila Semprit nos ubicamos en el sector
Volcán-Arena de Hato Tejas. La gente linda
de la barriada nos fue enseñando con su ejemplo
y su palabra cómo es que el pueblo camina
en la vida animados en lo profundo de su
corazón por la fe en el Dios de Jesucristo:
el Dios que es amor, perdón, misericordia,
justicia, fraternidad, igualdad.
Padre Alvaro, siempre atento a discernir
por dónde va el soplo del Espíritu Santo,
supo captar que los reclamos por justicia
social de los sectores excluidos, son una
exigencia del amor que el Padre común ha
sembrado en nosotros. Esto lo Ileva a echar
su suerte en apoyo a las miles de familias
puertorriqueñas que en la década del 70 unieron
sus fuerzas para reclamar su derecho a una
vivienda digna. El movimiento obrero en sus
luchas reivindicativas también experimentó
su presencia solidaria, junto a otros hermanos
sacerdotes y el obispo Antulio Parrilla Bonilla,
S.J.
Foto: Celebración litúrgica a son de plena
en la celebración de los 50 años como sacerdote
del padre Alvaro, en la comunidad de las
Hermanas de Jesús mediador, en el barrio
Volcán-Arenas de Bayamón.
Como buen dominico, Padre Alvaro lee, estudia,
medita, contempla, discierne continuamente.
No hay descanso posible pare este gran ser
humano, cuando de ser fiel a su compromiso
de vida se trata. Le gusta escribir para
comunicar el fruto de sus reflexiones, con
la esperanza de que éstas puedan arrojar
un poco de luz en el caminar del pueblo de
Dios. Su profunda comunión con el Dios de
los pobres lo Ileva a denunciar los esquemas
de autoridad-obediencia en que se fundamenta
la institución eclesiástica.
No escatima esfuerzo ni tiempo tratando de
despertar una conciencia crítica colectiva
que sea capaz de levantarse y luchar por
la verdadera Iglesia de Cristo: la del amor.
Su espíritu libre lo capacita para asumir
los sinsabores y sufrimientos que de aquí
se generan, al caer su mensaje en oídos sordos
o en aquellos que no quieren escucharlo.
Plenamente convencido de que Dios derrama
sus dones con generosidad sobre sus hijos
más sufridos, Padre Alvaro pone a la disposición
de éstos su carisma sacerdotal.
Su fe en el poder del amor de Dios que mueve
montañas diariamente, a través de los sacramentos
del perdón y de la unción de enfermos. Somos
testigos de la transformación de tantos hermanos
que han re-encontrado la paz y la alegría
y han empezado una vida nueva al servicio
de los demás seres humanos.
De todas estas vivencias canta el corazón
del Padre Alvaro. Su canto se convierte en
versos, y entonces busca y rebusca hasta
que encuentra la melodía que le agrada. Radiante
de "contentura" comparte con nosotras
el fruto de su inspiración. Luego, junto
al cuatro de Domingo y la guitarra de Manuel
o Gilberto, nos preparamos para estrenarla
en la próxima liturgia dominical.
De todo esto, también cantan nuestros corazones
un cántico de agradecimiento a Dios. Los
presentes y los ausentes, los vivos de aquí
y los vivos en el más allá, los deambulantes,
sus compañeros de la Orden Dominica, sus
familiares en Holanda y nosotras en Jesús
Mediador unimos nuestras voces para decirle
a este amigo y mentor:
¡Gracias por ser quien eres! iGracias por compartir
tu vida con nosotros! iGracias por enseñarnos
a amar a nuestra patria! iGracias por mostrarnos
el camino hacia la casa de nuestro Padre
Dios!.
* Lea la encíclica Iglesia de Eucaristía.
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Juan Alejo Arizmendi
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