Padre San Pío de Pietrelcina
“En cuanto a mí, ¡Dios me libre de gloriarme
si no es en la cruz
de nuestro Señor Jesucristo!” (Gal 6, 14).
 Vea estos magníficos libros sobre San Pío
 Libros, devociones, documentos, encíclicas
sobre la Eucaristía
 Homilía en la canonización del Padre Pío
 San Francisco de Asís
 Saint Anthony of Padua: A Gift to Us
Ser santos significa...
Hna. Leonella: los perdono, los perdono 
Libros escritos por el cardenal Ratzinger
(Papa Benedicto XVI) 
Encíclica Dios es amor : síntesis 
|
|
Padre San Pío de Pietrelcina
«Te bendigo, Padre,
Señor del cielo y de la tierra,
porque... estas cosas...
las has revelado
a los pequeños» (Mateo 11, 25).
Qué apropiadas
parecen estas palabras
de Jesús, cuando se te aplican a ti,
humilde y amado, padre Pío.
Enséñanos también a nosotros,
te pedimos, la humildad del corazón
para formar parte
de los pequeños del Evangelio,
a quienes el Padre les ha prometido
revelar los misterios de su Reino.
Ayúdanos a rezar sin
cansarnos nunca,
seguros de que Dios conoce
lo que necesitamos,
antes de que se lo pidamos.
Danos una mirada de fe
capaz de reconocer con prontitud
en los pobres y en los que sufren
el rostro mismo de Jesús.
Apóyanos en la hora del combate
y de la prueba y, si caemos,
haz que experimentemos la alegría
del sacramento del perdón.
Transmítenos
tu tierna devoción a María,
Madre de Jesús y nuestra.
Acompáñanos
en la peregrinación terrena
hacia la patria bienaventurada,
donde esperamos
llegar también nosotros
para contemplar para siempre
la Gloria del Padre,
del Hijo
y del Espíritu Santo.
¡Amén!
- Homilía de Juan Pablo II
en la canonización del
Padre Pío de Pietrelcina
|
L PADRE PÍO de Pietrelcina, al igual que el apóstol Pablo,
puso en la cumbre de su vida y de su apostolado
la Cruz de su Señor como su fuerza, su sabiduría
y su gloria. Inflamado de amor hacia Jesucristo,
se conformó a Él por medio de la inmolación
de sí mismo por la salvación del mundo. En
el seguimiento y la imitación de Cristo Crucificado
fue tan generoso y perfecto que hubiera podido
decir “con Cristo estoy crucificado: y no
vivo yo, sino que es Cristo quien vive en
mí” (Gal 2, 19).
Derramó sin parar los tesoros de la gracia
que Dios le había concedido con especial
generosidad a través de su ministerio, sirviendo
a los hombres y mujeres que se acercaban
a él, cada vez más numerosos, y engendrado
una inmensa multitud de hijos e hijas espirituales.
Este dignísimo seguidor de San Francisco de Asís nació el 25 de mayo de 1887 en Pietrelcina,
archidiócesis de Benevento, hijo de Grazio
Forgione y de María Giuseppa De Nunzio. Fue
bautizado al día siguiente recibiendo el
nombre de Francisco. A los 12 años recibió
el Sacramento de la Confirmación y la Primera
Comunión.
El 6 de enero de 1903, cuando contaba 16 años,
entró en el noviciado de la orden de los
Frailes Menores Capuchinos en Morcone, donde
el 22 del mismo mes vistió el hábito franciscano
y recibió el nombre de Fray Pío. Acabado
el año de noviciado, emitió la profesión
de los votos simples y el 27 de enero de
1907 la profesión solemne.
Después de la ordenación sacerdotal, recibida
el 10 de agosto de 1910 en Benevento, por
motivos de salud permaneció en su familia
hasta 1916. En septiembre del mismo año fue
enviado al Convento de San Giovanni Rotondo
y permaneció allí hasta su muerte.
Enardecido por el amor a Dios y al prójimo,
Padre Pío vivió en plenitud la vocación de
colaborar en la redención del hombre, según
la misión especial que caracterizó toda su
vida y que llevó a cabo mediante la dirección
espiritual de los fieles, la reconciliación
sacramental de los penitentes y la celebración
de la Eucaristía. El momento cumbre de su
actividad apostólica era aquél en el que
celebraba la Santa Misa. Los fieles que participaban
en la misma percibían la altura y profundidad
de su espiritualidad.
|
En el orden de la caridad social se comprometió
en aliviar los dolores y las miserias de
tantas familias, especialmente con la fundación
de la “Casa del Alivio del Sufrimiento”,
inaugurada el 5 de mayo de 1956.
Para el Padre Pío la fe era la vida: quería
y hacía todo a la luz de la fe. Estuvo dedicado
asiduamente a la oración. Pasaba el día y
gran parte de la noche en coloquio con Dios.
Decía: “En los libros buscamos a Dios, en
la oración lo encontramos.
|
|
Juan Pablo II
DVD - subtítulos Español
Aprobación vaticana |
|

The Nativity
Story - DVD
Subtítulos: Español
Estrenada
en el Vaticano |
La oración es la llave que abre el corazón
de Dios”. La fe lo llevó siempre a la aceptación
de la voluntad misteriosa de Dios.
Estuvo siempre inmerso en las realidades sobrenaturales.
No era solamente el hombre de la esperanza
y de la confianza total en Dios, sino que
infundía, con las palabras y el ejemplo,
estas virtudes en todos aquellos que se le
acercaban.
El amor de Dios le llenaba totalmente, colmando
todas sus esperanzas; la caridad era el principio
inspirador de su jornada: amar a Dios y hacerlo
amar. Su preocupación particular: crecer
y hacer crecer en la caridad.
Expresó el máximo de su caridad hacia el prójimo
acogiendo, por más de 50 años, a muchísimas
personas que acudían a su ministerio y a
su confesionario, recibiendo su consejo y
su consuelo. Era como un asedio: lo buscaban
en la iglesia, en la sacristía y en el convento.
Y él se daba a todos, haciendo renacer la
fe, distribuyendo la gracia y llevando luz.
Pero especialmente en los pobres, en quienes
sufrían y en los enfermos, él veía la imagen
de Cristo y se entregaba especialmente a
ellos.
Ejerció de modo ejemplar la virtud de la prudencia,
obraba y aconsejaba a la luz de Dios.
Su preocupación era la gloria de Dios y el
bien de las almas. Trató a todos con justicia,
con lealtad y gran respeto.
Brilló en él la luz de la fortaleza. Comprendió
bien pronto que su camino era el de la Cruz
y lo aceptó inmediatamente con valor y por
amor. Experimentó durante muchos años los
sufrimientos del alma. Durante años soportó
los dolores de sus llagas con admirable serenidad.
Cuando tuvo que sufrir investigaciones y restricciones
en su servicio sacerdotal, todo lo aceptó
con profunda humildad y resignación. Ante
acusaciones injustificadas y calumnias, siempre
calló confiando en el juicio de Dios, de
sus directores espírituales y de la propia
conciencia.
Recurrió habitualmente a la mortificación
para conseguir la virtud de la templanza,
de acuerdo con el estilo franciscano. Era
templado en la mentalidad y en el modo de
vivir.
Consciente de los compromisos adquiridos con
la vida consagrada, observó con generosidad
los votos profesados. Obedeció en todo las
órdenes de sus superiores, incluso cuando
eran difíciles. Su obediencia era sobrenatural
en la intención, universal en la extensión
e integral en su realización. Vivió el espíritu
de pobreza con total desprendimiento de sí
mismo, de los bienes terrenos, de las comodidades
y de los honores. Tuvo siempre una gran predilección
por la virtud de la castidad. Su comportamiento
fue modesto en todas partes y con todos.
Se consideraba sinceramente inútil, indigno
de los dones de Dios, lleno de miserias y
a la vez de favores divinos. En medio a tanta
admiración del mundo, repetía: “Quiero ser
sólo un pobre fraile que reza”.
Su salud, desde la juventud, no fue muy robusta
y, especialmente en los últimos años de su
vida, empeoró rápidamente. La hermana muerte
lo sorprendió preparado y sereno el 23 de
septiembre de 1968, a los 81 años de edad.
Sus funerales se caracterizaron por una extraordinaria
concurrencia de personas.
El 20 de febrero de 1971, apenas tres años
después de su muerte, Pablo VI, dirigiéndose
a los Superiores de la orden Capuchina, dijo
de él:
¡Mirad qué fama ha tenido, qué clientela
mundial ha reunido
en torno a sí! Pero, ¿por qué? ¿Tal vez porque
era un filósofo?
¿Porqué era un sabio? ¿Por qué tenía medios
a su disposición?
Porque celebraba la Misa con humildad, confesaba
desde la
mañana a la noche, y era, es difícil decirlo,
un representante
visible de las llagas de Nuestro Señor. Era
un hombre de
oración y de sufrimiento. |
Ya durante su vida gozó de notable fama de
santidad, debida a sus virtudes, a su espíritu
de oración, de sacrificio y de entrega total
al bien de las almas.
En los años siguientes a su muerte, la fama
de santidad y de milagros creció constantemente,
llegando a ser un fenómeno eclesial extendido
por todo el mundo y en toda clase de personas.
De este modo, Dios manifestaba a la Iglesia
su voluntad de glorificar en la tierra a
su Siervo fiel. No pasó mucho tiempo hasta
que la Orden de los Frailes Menores Capuchinos
realizó los pasos previstos por la ley canónica
para iniciar la causa de beatificación y
canonización. Examinadas todas las circunstancias,
la Santa Sede, a tenor del Motu Proprio “Sanctitas
Clarior” concedió el nulla osta el 29 de
noviembre de 1982. El Arzobispo de Manfredonia
pudo así proceder a la introducción de la
Causa y a la celebración del proceso de conocimiento
(1983-1990). El 7 de diciembre de 1990 la
Congregación para las Causas de los Santos
reconoció la validez jurídica. Acabada la
Positio, se discutió, como es costumbre,
si el Siervo de Dios había ejercitado las
virtudes en grado heroico. El 13 de junio
de 1997 tuvo lugar el Congreso peculiar de
Consultores teólogos con resultado positivo.
En la Sesión ordinaria del 21 de octubre
siguiente, siendo ponente de la Causa Mons.
Andrea María Erba, Obispo de Velletri-Segni,
los Padres Cardenales y obispos reconocieron
que el Padre Pío ejerció en grado heroico
las virtudes teologales, cardinales y las
relacionadas con las mismas.
El 18 de diciembre de 1997, en presencia de
Juan Pablo II, fue promulgado el Decreto
sobre la heroicidad de las virtudes.
Para la beatificación del Padre Pío, la Postulación
presentó al Dicasterio competente la curación
de la Señora Consiglia De Martino de Salerno
(Italia). Sobre este caso se celebró el preceptivo
proceso canónico ante el Tribunal Eclesiástico
de la Archidiócesis de Salerno-Campagna-Acerno
de julio de 1996 a junio de 1997. El 30 de
abril de 1998 tuvo lugar, en la Congregación
para las Causas de los Santos, el examen
de la Consulta Médica y, el 22 de junio del
mismo año, el Congreso peculiar de Consultores
teólogos. El 20 de octubre siguiente, en
el Vaticano, se reunió la Congregación ordinaria
de Cardenales y obispos, miembros del Dicasterio
y el 21 de diciembre de 1998 se promulgó,
en presencia de Juan Pablo II, el Decreto
sobre el milagro.
El 2 de mayo de 1999 a lo largo de una solemne
Concelebración Eucarística en la plaza de
San Pedro Su Santidad Juan Pablo II, con
su autoridad apostólica declaró Beato al
Venerable Siervo de Dios Pío de Pietrelcina,
estableciendo el 23 de septiembre como fecha
de su fiesta litúrgica.
Para la canonización del Beato Pío de Pietrelcina,
la Postulación ha presentado al Dicasterio
competente la curación del pequeño Mateo
Pio Colella de San Giovanni Rotondo. Sobre
el caso se ha celebrado el regular Proceso
canónico ante el Tribunal eclesiástico de
la archidiócesis de Manfredonia-Vieste del
11 de junio al 17 de octubre del 2000. El
23 de octubre siguiente la documentación
se entregó en la Congregación de las Causas
de los Santos. El 22 de noviembre del 2001
tuvo lugar, en la Congregación de las Causas
de los Santos, el examen médico. El 11 de
diciembre se celebró el Congreso Particular
de los Consultores Teólogos y el 18 del mismo
mes la Sesión Ordinaria de Cardenales y Obispos.
El 20 de diciembre, en presencia de Juan
Pablo II, se ha promulgado el Decreto sobre
el milagro y el 26 de febrero del 2002 se
promulgó el Decreto sobre la canonización.
Sobre 200 mil personas acudieron a los actos
de la canonización de San Pío de Pietrelcina
celebrados en la Plaza de San Pedro, del
Vaticano, el domingo 16 de junio del 2002.
PAPA JUAN PABLO II PROCLAMA SANTO AL PADRE
PÍO DE PIETRELCINA
Roma, 17 (NE - eclesiales.org) En el curso de una multitudinaria celebración
Eucarística el Papa Juan Pablo II canonizó
ayer domingo al Padre Pío de Pietrelcina.
Ante millares de fieles que colmaron la Plaza
San Pedro y la Vía de la Conciliación, muchos
de los cuales siguieron la Liturgia a través
de pantallas gigantes, el Santo Padre proclamó
santo al querido religioso capuchino y destacó
su testimonio de oración y caridad, en medio
de los aplausos y vivas de la multitud.
Como se esperaba, peregrinos de diversos lugares
del mundo estuvieron presentes y siguieron
con emoción la inscripción del Padre Pío
en el catálogo de los santos oficialmente
canonizados. Asimismo, entre los presentes
se encontraban Consiglia De Martino y el
niño Matteo Colella, las dos personas que
atribuyen a la intercesión del Padre Pío
un milagro y cuyos casos fueron utilizados
en el proceso de canonización.
"La vida y la misión del Padre Pío testimonian
que las dificultades y los dolores, si se
aceptan por amor, se transforman en un camino
privilegiado de santidad, que se adentra
en perspectivas de un bien más grande, solamente
conocido por el Señor," señaló el Papa durante su homilía. "¡Qué actual es la espiritualidad de
la Cruz vivida por el humilde capuchino de
Pietrelcina! Nuestro tiempo necesita redescubrir
su valor para abrir el corazón a la esperanza."
"En el plan de Dios -señaló más adelante-,
la Cruz constituye el auténtico instrumento
de salvación para toda la humanidad y el
camino explícitamente propuesto por el Señor
a cuantos quieren seguirle". La "razón
última de la eficacia apostólica del Padre
Pío, la raíz profunda de tanta fecundidad
espiritual, se encuentra en esa íntima y
constante unión con Dios que testimoniaban
elocuentemente las largas horas transcurridas
en oración". "El Padre Pío -añadió-
unía a la oración una intensa actividad caritativa
de la que es expresión extraordinaria la
"Casa de Alivio del Sufrimiento".
Oración y caridad, esta es una síntesis sumamente
concreta de la enseñanza del padre Pío, que
hoy vuelve a proponerse a todos."
Según fuentes oficiales, el Padre Pío es el
462 santo proclamado por el Papa Juan Pablo
II, quien a lo largo de su Pontificado ha
beatificado también a 1,288 fieles.
| LIBROS, ESCRITOS SOBRE EL PADRE PÍO |
| LA VOCACIÓN A LA SANTIDAD |
| CURAS FELICES | ORACIONES POR LAS VOCACIONES |
| EL ARZOBISPO ROMERO : PROFETA Y MÁRTIR |
MI AMIGO Y MENTOR: EL PADRE ALVARO
| SECCIÓN AMÉN | LIBROS CATÓLICOS |
| CARTA A DIOS |
|