VIVIR EN PROFUNDIDAD EVENTOS CENTRALES
DE LA REDENCIÓN
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"Si el Viernes Santo es un día lleno
de tristeza,
también es un día muy propicio
para reavivar nuestra fe, para consolidar
nuestra esperanza y la valentía
de llevar cada uno
nuestra cruz
con humildad, confianza y abandono en Dios,
seguros de su apoyo y de su victoria".
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VATICANO, MARZO 2009 (VIS).
n la audiencia general de este miércoles,
celebrada en la Plaza de San Pedro, el Papa
habló sobre la Semana Santa, "que para
nosotros los cristianos -dijo- es la semana
más importante del año y nos ofrece la oportunidad
de vivir en profundidad los eventos centrales
de la Redención, de revivir el misterio pascual,
el gran misterio de la fe".
El Santo Padre explicó que Jesús "no
quiso usar su ser Dios, su dignidad gloriosa
y su potencia como instrumento de triunfo
y signo de distancia entre nosotros".
"Por amor -continuó-, quiso "vaciarse
de sí mismo" y hacerse nuestro hermano;
por amor compartió nuestra condición, la
de cada hombre y de cada mujer".
Benedicto XVI señaló que la Misa del Crisma es como "un preludio al Triduo pascual,
que comienza mañana". "En ella
se renuevan las promesas sacerdotales pronunciadas
el día de la ordenación". Esta celebración
"tiene este año un significado particular,
pues es como una preparación al Año Sacerdotal,
que he convocado con ocasión del ciento cincuenta
aniversario de la muerte del Santo Cura de
Ars, y que se inaugurará el próximo día 19
de junio. En la Misa del Crisma "se
bendicen el óleo de los enfermos y el de
los catecúmenos y se consagra el Crisma".
En la misa del Jueves Santo por la tarde, llamada "in Coena Domini",
"la Iglesia -recordó- conmemora la institución
de la Eucaristía, el sacerdocio ministerial
y el mandamiento nuevo -mandatum novum- de
la caridad, dejado por Jesús a sus discípulos".
Este día "constituye, por tanto, una
invitación renovada a dar gracias a Dios
por el don supremo de la Eucaristía, que
hay que acoger con devoción y adorar con
fe viva".
El Papa afirmó que el Viernes Santo es el "día de la pasión y de la crucifixión
del Señor. (...) La muerte de Cristo recuerda
el dolor y los males que gravan sobre la
humanidad de todos los tiempos: el peso aplastante
de nuestro morir, el odio y la violencia
que siguen ensangrentando la tierra. La pasión
del Señor sigue estando presente en los sufrimientos
de los seres humanos".
"Si el Viernes Santo es un día lleno
de tristeza -continuó-, también es un día
muy propicio para reavivar nuestra fe, para
consolidar nuestra esperanza y la valentía
de llevar cada uno nuestra cruz con humildad,
confianza y abandono en Dios, seguros de
su apoyo y de su victoria".
Benedicto XVI puso
de relieve que "esta
esperanza se alimenta
en el gran silencio
del Sábado Santo,
en espera de la resurrección
de Jesús". En
este día, "la
Iglesia
vela en oración como
María y junto a María,
compartiendo sus
mismos sentimientos
de dolor
y de confianza en
Dios. Se recomienda
justamente
conservar durante
toda la jornada un
clima
de recogimiento,
que ayude a la meditación
y a la reconciliación;
se anima a los fieles
a que se acerquen
al sacramento de
la Penitencia
para poder participar
renovados en las
fiestas
pascuales". |
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Refiriéndose a la solemne Vigilia Pascual, "madre de todas las vigilias",
Benedicto XVI recordó que en ella "se
proclama la victoria de la luz sobre las
tinieblas, de la vida sobre la muerte, y
la Iglesia se alegra en el encuentro con
su Señor. De este modo entramos en el clima
de la Pascua de Resurrección".
El Santo Padre concluyó
invitando a los fieles
a "entrar con la Virgen
María en el
Cenáculo, permaneciendo
a los pies de la
Cruz, velando idealmente
junto a Cristo muerto,
aguardando con esperanza
el alba del día
luminoso de la resurrección".
AG/TRIDUO PASCUAL/... VIS 090408 (600)
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