CIUDAD DEL VATICANO, 18 ABR 2005 (VIS) l cardenal Joseph Ratzinger, decano del colegio
cardenalicio, presidió esta mañana en la
basílica vaticana la Santa Misa "Pro
eligendo Romano Pontifice", que fue
concelebrada por los 115 purpurados electores.
Asistieron a la celebración
eucarística cardenales
no electores, así como
obispos, sacerdotes,
religiosos y religiosas
y laicos presentes
en Roma.
En la homilía, el cardenal Ratzinger, comentando
la primera lectura del libro del profeta
Isaías, en la que el Mesías, hablando de
sí mismo dice que ha sido enviado a "promulgar
el año de misericordia del Señor, un día
de venganza de nuestro Dios", dijo:
"Estamos llamados a promulgar -no solo
con las palabras, sino con la vida y con
los signos eficaces de los sacramentos el
año de misericordia del Señor". Refiriéndose
al "día de venganza de nuestro Dios",
afirmó que el Señor "ha ofrecido un
comentario auténtico a estas palabras con
su muerte en la Cruz".
"La misericordia de Cristo -continuó-
no es una gracia barata, ni supone banalizar
el mal. Cristo lleva en su cuerpo y en su
alma todo el peso del mal, toda su fuerza
destructiva. (...) El día de la venganza
y el año de la misericordia coinciden en
el misterio pascual, en Cristo muerto y resucitado.
Esta es la venganza de Dios: El mismo, en
la persona del Hijo, sufre por nosotros".
En la segunda lectura, tomada de la carta
a los Efesios, San Pablo habla de la "medida
de la plenitud de Cristo", a la que
"estamos llamados para ser realmente
adultos en la fe. No deberíamos seguir siendo
niños en la fe, de menor edad. ¿En qué consiste
ser niños en la fe? Responde San Pablo: significa
ser "zarandeado por cualquier corriente
doctrinal. ¡Una descripción muy actual!".
Juan Pablo II
Cruzando el
"Cuántos vientos de doctrina hemos conocido
en estas últimas décadas, cuantas corrientes
ideológicas, cuantas modas de pensamiento.
(...) La pequeña barca del pensamiento de
muchos cristianos ha sido agitada con frecuencia
por estas ondas, llevada de un extremo al
otro, del marxismo al liberalismo, hasta
el libertinaje; del colectivismo al individualismo
radical; del ateísmo a un vago misticismo
religioso; del agnosticismo al sincretismo,
etc... Cada día nacen nuevas sectas y se
cumple lo que dice San Pablo sobre el engaño
de los seres humanos, sobre la astucia que
tiende a llevar al error. Tener una fe clara,
según el Credo de la Iglesia, se etiqueta
a menudo como fundamentalismo. Mientras el
relativismo, es decir, el dejarse llevar
"aquí y allá por cualquier viento de
doctrina' parece la única actitud a la altura
de los tiempos que corren. Toma forma una
dictadura del relativismo que no reconoce
nada que sea definitivo y que deja como última
medida solo al propio yo y a sus deseos".
"Nosotros, sin embargo -añadió-, tenemos otra
medida: el Hijo de Dios, el verdadero hombre.
El es la medida del verdadero humanismo.
"Adulta" no es una fe que sigue
las olas de la moda y la última novedad:
adulta y madura es una fe profundamente enraizada
en la amistad con Cristo. (...) Debemos hacer
madurar esta fe adulta, y debemos guiar el
rebaño de Cristo hacia esta fe.
Solo esta fe crea unidad y se realiza en
la caridad. (...) En la medida en que nos acercamos a Cristo,
también en nuestra vida, verdad y caridad
se compenetran".
"Nosotros, sin embargo -añadió-, tenemos
otra medida: el Hijo de Dios, el verdadero
hombre. El es la medida del verdadero humanismo.
"Adulta" no es una fe que sigue
las olas de la moda y la última novedad:
adulta y madura es una fe profundamente enraizada
en la amistad con Cristo. (...) Debemos hacer
madurar esta fe adulta, y debemos guiar el
rebaño de Cristo hacia esta fe. Solo esta
fe crea unidad y se realiza en la caridad.
(...) En la medida en que nos acercamos a
Cristo, también en nuestra vida, verdad y
caridad se compenetran".
El decano del colegio cardenalicio comentó
a continuación el Evangelio de San Juan,
en el que el Señor dice: "Ya no os llamo
siervos... sino que os he llamado amigos".
Cristo nos "otorga su confianza"
y "nos confía su cuerpo, la Iglesia.
Confía su verdad en nuestras débiles mentes,
en nuestras débiles manos. (...) Nos ha hecho
amigos suyos, y nosotros, ¿cómo respondemos?",
preguntó.
Tras recordar el
discurso en el que
Jesús
habla de dar fruto:
"Os he destinado
para que vayáis y
deis fruto y vuestro
fruto
permanezca",
el purpurado dijo:
"Debemos sentirnos animados por esta
santa inquietud: la inquietud de dar a todos
el don de la fe, de la amistad con Cristo.
(...) Hemos recibido la fe para donarla a
los demás, somos sacerdotes para servir a
los demás. Y tenemos que dar un fruto que
permanezca".
"Lo único que permanece en la eternidad es
el alma humana, el ser humano creado por
Dios para la eternidad. El fruto que permanece
es lo que hemos sembrado en las almas humanas
-el amor, el conocimiento; el gesto capaz
de tocar el corazón; la palabra que abre
el alma a la alegría del Señor. Por tanto,
pidamos al Señor que nos ayude a dar fruto,
un fruto que permanezca".
El cardenal Ratzinger concluyó
pidiendo "con
insistencia al Señor, sobre
todo en este
momento, para que tras
el gran don del Papa
Juan Pablo II, nos dé nuevamente
un pastor
según su corazón, un pastor
que nos guíe
al conocimiento de Cristo,
a su amor, a la
verdadera alegría".
.../MISA ELECCION PAPA/RATZINGER
VIS 050418
(800)
"ue el Papa vele siempre por nosotros desde
el cielo y nos ayude a 'cruzar el umbral
de la esperanza' de la que tanto nos ha hablado.
Que este mensaje permanezca siempre esculpido
en el corazón de los seres humanos de hoy.
Juan Pablo II repite a todos una vez más
las palabras de Cristo: 'El Hijo del hombre
no ha venido para juzgar al mundo, sino para
que el mundo se salve por El'".
"...Juan Pablo
II ha difundido en
el
mundo este Evangelio
de salvación, invitando
a toda la Iglesia
a acercarse al hombre
de
hoy para abrazarlo
y reconfortarlo con
amor
redentor. ¡Que sepamos
recoger el mensaje
de quien nos ha dejado
y hacer que fructifique
para la salvación
del mundo!".