MENSAJE DEL PAPA PARA LA CUARESMA
«Al ver Jesús a las gentes se compadecía de
ellas»
CIUDAD DEL VATICANO (VIS).
" a Cuaresma es el tiempo privilegiado de la
peregrinación interior
hacia Aquél que es
la fuente de la misericordia.
Es una peregrinación
en la que Él mismo nos
acompaña a través
del desierto de nuestra
pobreza, sosteniéndonos
en el camino hacia la alegría
intensa de
la Pascua".
"Incluso en el "valle
oscuro"
del que habla el salmista
mientras el tentador
nos mueve a desesperarnos
o a confiar de
manera ilusoria en nuestras
propias fuerzas,
Dios nos guarda y nos sostiene.
Efectivamente,
hoy el Señor escucha también
el grito de
las multitudes hambrientas
de alegría, de
paz y de amor. Como en
todas las épocas,
se sienten abandonadas.
Sin embargo, en la
desolación de la miseria,
de la soledad,
de la violencia y del hambre,
que afectan
sin distinción a ancianos,
adultos y niños,
Dios no permite que predomine
la oscuridad
del horror".
"En efecto, como escribió
mi amado predecesor
Juan Pablo II, hay un "límite
impuesto
al mal por el bien divino",
y es la
misericordia. En este sentido
he querido
poner al inicio de este
Mensaje la cita evangélica
según la cual "Al
ver Jesús a las gentes
se compadecía de ellas".
"A este respecto deseo
reflexionar sobre
una cuestión muy debatida
en la actualidad:
el problema del desarrollo.
La "mirada"
conmovida de Cristo se
detiene también hoy
sobre los hombres y los
pueblos, puesto que
por el "proyecto"
divino todos
están llamados a la salvación.
Jesús, ante
las insidias que se oponen
a este proyecto,
se compadece de las multitudes:
las defiende
de los lobos, aun a costa
de su vida. Con
su mirada, Jesús abraza
a las multitudes
y a cada uno, y los entrega
al Padre, ofreciéndose
a sí mismo en sacrificio
de expiación".
| "La Iglesia, iluminada por esta verdad
pascual, es consciente
de que, para promover
un desarrollo integral,
es necesario que
nuestra "mirada"
sobre el hombre
se asemeje a la de
Cristo. En efecto, de
ningún modo es posible
dar respuesta a las
necesidades materiales
y sociales de los
hombres sin colmar,
sobre todo, las profundas
necesidades de su
corazón. Esto debe subrayarse
con mayor fuerza
en nuestra época de grandes
transformaciones,
en la que percibimos de
manera cada vez más
viva y urgente nuestra
responsabilidad ante
los pobres del mundo.
Ya mi venerado predecesor,
el Papa Pablo
VI, identificaba
los efectos del subdesarrollo
como un deterioro
de humanidad. En este sentido,
en la encíclica "Populorum
progressio"
denunciaba "las
carencias materiales
de los que están
privados del mínimo vital
y las carencias morales
de los que están
mutilados por el
egoísmo... las estructuras
opresoras que provienen
del abuso del tener
o del abuso del poder,
de las explotaciones
de los trabajadores
o de la injusticia de
las transacciones". |
|

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"Como antídoto contra
estos males, Pablo
VI no sólo sugería "el
aumento en la
consideración de la dignidad
de los demás,
la orientación hacia el
espíritu de pobreza,
la cooperación en el bien
común, la voluntad
de la paz", sino también
"el reconocimiento,
por parte del hombre, de
los valores supremos
y de Dios, que de ellos
es la fuente y el
fin".
"En esta línea, el
Papa no dudaba en
proponer "especialmente,
la fe, don
de Dios, acogido por la
buena voluntad de
los hombres, y la unidad
de la caridad de
Cristo". Por tanto,
la "mirada"
de Cristo sobre la muchedumbre
nos mueve
a afirmar los verdaderos
contenidos de ese
"humanismo pleno"
que, según el
mismo Pablo VI, consiste
en el "desarrollo
integral de todo el hombre
y de todos los
hombres". Por eso,
la primera contribución
que la Iglesia ofrece al
desarrollo del hombre
y de los pueblos no se
basa en medios materiales
ni en soluciones técnicas,
sino en el anuncio
de la verdad de Cristo,
que forma las conciencias
y muestra la auténtica
dignidad de la persona
y del trabajo, promoviendo
la creación de
una cultura que responda
verdaderamente a
todos los interrogantes
del hombre".
| "Ante los terribles desafíos de la pobreza
de gran parte de
la humanidad, la indiferencia
y el encerrarse en
el propio egoísmo aparecen
como un contraste
intolerable frente a la
"mirada"
de Cristo. El ayuno y
la limosna, que,
junto con la oración, la
Iglesia propone de
modo especial en el período
de Cuaresma, son
una ocasión propicia para
conformarnos con
esa "mirada".
Los ejemplos de los
santos y las numerosas
experiencias misioneras
que caracterizan
la historia de la
Iglesia son indicaciones
valiosas para sostener
del mejor modo posible
el desarrollo". |
|
A Guide to
The Passion
of the Christ |
"Hoy, en el contexto
de la interdependencia
global, se puede constatar
que ningún proyecto
económico, social o político
puede sustituir
el don de uno mismo a los
demás en el que
se expresa la caridad.
Quien actúa según
esta lógica evangélica
vive la fe como amistad
con el Dios encarnado y,
como Él, se preocupa
por las necesidades materiales
y espirituales
del prójimo. Lo mira como
un misterio inconmensurable,
digno de infinito cuidado
y atención. Sabe
que quien no da a Dios,
da demasiado poco;
como decía a menudo la
beata Teresa de Calcuta:
"la primera pobreza
de los pueblos es
no conocer a Cristo".
Por eso es preciso
ayudar a descubrir a Dios
en el rostro misericordioso
de Cristo: sin esta perspectiva,
no se construye
una civilización sobre
bases sólidas".
"Gracias a hombres
y mujeres obedientes
al Espíritu Santo, han
surgido en la Iglesia
muchas obras de caridad,
dedicadas a promover
el desarrollo: hospitales,
universidades,
escuelas de formación profesional,
pequeñas
empresas. Son iniciativas
que han demostrado,
mucho antes que otras actuaciones
de la sociedad
civil, la sincera preocupación
hacia el hombre
por parte de personas movidas
por el mensaje
evangélico. Estas obras
indican un camino
para guiar aún hoy el mundo
hacia una globalización
que ponga en el centro
el verdadero bien
del hombre y, así, lleve
a la paz auténtica".
| "Con la misma compasión de Jesús por
las muchedumbres,
la Iglesia siente también
hoy que su tarea
propia consiste en pedir
a quien tiene responsabilidades
políticas
y ejerce el poder
económico y financiero
que promueva un desarrollo
basado en el respeto
de la dignidad de
todo hombre. Una prueba
importante de este
esfuerzo será la efectiva
libertad religiosa,
entendida no sólo como
posibilidad de anunciar
y celebrar a Cristo,
sino también de contribuir
a la edificación
de un mundo animado
por la caridad. |
|

The Dolorous Passion
of Our Lord
Jesus Christ |
En este esfuerzo se inscribe también la consideración
efectiva del papel central
que los auténticos
valores religiosos desempeñan
en la vida
del hombre, como respuesta
a sus interrogantes
más profundos y como motivación
ética respecto
a sus responsabilidades
personales y sociales.
Basándose en estos criterios,
los cristianos
deben aprender a valorar
también con sabiduría
los programas de sus gobernantes".
"No podemos ocultar
que muchos que profesaban
ser discípulos de Jesús
han cometido errores
a lo largo de la historia.
Con frecuencia,
ante problemas graves,
han pensado que primero
se debía mejorar la tierra
y después pensar
en el cielo. La tentación
ha sido considerar
que, ante necesidades urgentes,
en primer
lugar se debía actuar cambiando
las estructuras
externas. Para algunos,
la consecuencia de
esto ha sido la transformación
del cristianismo
en moralismo, la sustitución
del creer por
el hacer. Por eso, mi predecesor
de venerada
memoria, Juan Pablo II,
observó con razón:
"La tentación actual
es la de reducir
el cristianismo a una sabiduría
meramente
humana, casi como una ciencia
del vivir bien.
En un mundo fuertemente
secularizado, se
ha dado una "gradual
secularización
de la salvación",
debido a lo cual se
lucha ciertamente en favor
del hombre, pero
de un hombre a medias,
reducido a la mera
dimensión horizontal. En
cambio, nosotros
sabemos que Jesús vino
a traer la salvación
integral".
| "Teniendo en cuenta la victoria de Cristo
sobre todo mal que
oprime al hombre, la Cuaresma
nos quiere guiar
precisamente a esta salvación
integral. Al dirigirnos
al divino Maestro,
al convertirnos a
Él, al experimentar su
misericordia gracias
al sacramento de la
Reconciliación, descubriremos
una "mirada"
que nos escruta en
lo más hondo y puede reanimar
a las multitudes
y a cada uno de nosotros.
Devuelve la confianza
a cuantos no se cierran
en el escepticismo,
abriendo ante ellos la
perspectiva de la
salvación eterna. |
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Awake My Soul
Father J. Martin,
S.J.
|
Por tanto, aunque parezca que domine el odio,
el Señor no permite que
falte nunca el testimonio
luminoso de su amor.
A María, "fuente viva
de esperanza",
le encomiendo nuestro camino
cuaresmal, para
que nos lleve a su Hijo.
A ella le encomiendo,
en particular, las muchedumbres
que aún hoy,
probadas por la pobreza,
invocan su ayuda,
apoyo y comprensión. Con
estos sentimientos,
imparto a todos de corazón
una especial Bendición
Apostólica".
MESS/CUARESMA 2006/... VIS 060131 (1500)
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