VIVIR EN ADHESION
A LA VOLUNTAD DIVINA
Salmo 145
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sobre la Eucaristía
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Salmo 145
FELICIDAD
DE LOS QUE ESPERAN
EN DIOS
Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras viva,
tañeré para mi Dios
mientras exista.
No confiéis en los príncipes,
seres de polvo
que no pueden salvar;
exhalan el espíritu
y vuelven al polvo,
ese día perecen sus planes.
Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el Señor,
su Dios,
que hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuanto hay en él;
que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia
a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos,
el Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza
a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.
El Señor guarda
a los peregrinos,
sustenta al huérfano
y a la viuda
y trastorna el camino
de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad.
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AUDIENCIA PAPAL: ES NECESARIO VIVIR EN ADHESION
A LA VOLUNTAD DIVINA
n la audiencia general celebrada en el Aula
Pablo VI el Santo Padre habló sobre el Salmo
145:
"Bienaventurado quien espera en el Señor",
en el que se proclama la "soberanía
de Dios sobre la historia humana".
"No estamos abandonados a nosotros mismos
-dijo el Papa-, las vicisitudes de nuestros
días no son dominadas por el caos o por el
hado; no representan una mera sucesión de
actos privados de todo sentido y fin.
En esta convicción se asienta una verdadera
y propia profesión de fe en Dios".
"Dios es creador del cielo y de la tierra
-dijo el Papa-, es custodio fiel del pacto
que lo une a su pueblo. (...) El Señor no
es un soberano distante de sus criaturas,
sino que participa en su historia, como Aquel
que propugna la justicia, poniéndose al lado
de los últimos, de las víctimas, de los oprimidos,
de los infelices".
"El ser humano -continuó- se encuentra
frente a una decisión radical entre dos posibilidades
contrapuestas: por un lado está la tentación
de 'confiar en los poderosos', adoptando
sus criterios inspirados en la maldad, el
egoísmo y el orgullo". La otra posibilidad
existente, dijo, es "la vía de la confianza
en el Dios eterno y fiel".
Juan Pablo II subrayó que "es necesario
vivir en adhesión a la voluntad divina, ofrecer
el pan a los hambrientos, visitar a los prisioneros,
sostener y consolar a los enfermos, defender
y acoger a los extranjeros, dedicarse a los
pobres y a los míseros. Es el mismo espíritu
de las bienaventuranzas; es decidirse por
aquella propuesta de amor que nos salva ya
en esta vida y después será el objeto de
nuestro examen en el juicio final que sellará
la historia".
Fuente: AG/SALMO 145/... VIS 030702 (290)
- CIUDAD DEL VATICANO, JUL. 2, 2003.
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